Estamos ya a 6 de diciembre. Por favor os lo pido, los que acostumbráis a pelar las uvas y a quitarles la piel y las pepitas, empezad ya con la disección, que luego todo son prisas y a los que no tenemos tantos miramientos y las engullimos enteras, con su hollejo, su raspón o pedicelo y su pulpa llena de pepitas —que, vale, tienen sabor amargo y se te meten entre los dientes al masticar pero a nosotros nos gusta así, porque somos un poco neandertales—, y que si me apuras hasta disfrutamos jugueteando con que nos tengan que practicar una maniobra de Heimlick cuando vamos por la sexta campanada, ya no nos caben más uvas en la boca, nos da la risa floja y se nos va el mosto por donde no es, se nos llevan los demonios. Sí, sí, a vosotros os digo, no os hagáis los locos.
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