Enamórate de alguien que escriba. Llámalo poeta o prosista; deja que te incite con versos o párrafos.
Enamórate de esas extrañas personas; seres infelices que apaciguan su soledad con textos que son incomprensibles para los que no saben sentir.
Hablo de seres llenos de vocación y talento que se estremecen cada vez que cogen un bolígrafo y se sumergen al abismo del papel, logrando un punto de intimidad inconcebible para quien tiene miedo de encontrarse consigo mismo.
Sí, me refiero a esas maravillosas criaturas hechas de palabras que nunca encuentran su punto y final.
Enamórate de un poeta que te escriba versos que te calienten en las noches de enero, enamórate de un prosista que con sus letras logre que los escalofríos recorran tu espalda las noches de agosto.
Entrégale ese amor magullado que el pasado se encargó de deteriorar; entrégale todos y cada uno de los parches que utilizas…
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