Tus llamadas me dejan sin destino,
sin aire, silenciosa, retraída.
con el alma en los brazos, sin salida
recordando el letargo de mi sino.
Soy cobarde, cobarde me defino
y no puedo olvidar tu despedida,
esa que me faltó porque tu huída
la bordaste con sombras de oro fino.
No me llames, el cielo no perdona
aquello que me diste en tus promesas,
esperanza de amor que se abandona.
Prometo no vagar entre las presas
palabras de pasión, y esa corona
de espinas, que no llevan las princesas.
María del Mar Ponce López






