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Daniela

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Crisis de los misiles - Cartas de Fidel y Jruschov

3 de Novembro de 2012, 22:00 , por Desconhecido - 0sem comentários ainda | No one following this article yet.
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 Documentos Históricos 


La Habana, 26 de Octubre. 1962
Querido compañero Jruschov:
Del análisis de la situación y de los informes que obran en nuestro poder considero que la agresión es casi inminente dentro de las próximas 24 ó 72 horas.
Hay dos variantes posibles: la primera y más probable es el ataque aéreo contra determinados objetivos con el fin limitado de destruirlos; la segunda, menos probable, aunque posible, es la invasión. Entiendo que la realización de esta variante exigiría gran cantidad de fuerzas y es además la forma más repulsiva de agresión, lo que puede inhibirlos.
Puede estar seguro que resistiremos firme y decididamente el ataque sea cual fuere.
El estado moral del pueblo cubano es sumamente alto y se enfrentará al agresor heroicamente.
Deseo en estos instantes expresarle en palabras muy breves una opinión personal.
Si tiene lugar la segunda variante y los imperialistas Invaden a Cuba con el fin de ocuparla, el peligro que tal política agresiva entraña para la humanidad es tan grande que después de ese hecho la Unión Soviética no debe permitir jamás las circunstancias en las cuales los imperialistas pudieran descargar contra ella el primer golpe nuclear.
Le digo esto, porque creo que la agresividad de los imperialistas se hace sumamente peligrosa y si ellos llegan a realizar un hecho tan brutal y violador de la Ley y la moral universal, como invadir a Cuba, ése sería el momento de eliminar para siempre semejante peligro, en acto de la más legítima defensa, por dura y terrible que fuese la solución, porque no habría otra.
Influye en esta opinión ver cómo se desarrolla esta política agresiva, cómo los imperialistas a despecho de la opinión mundial, por encima de los principios y del derecho, bloquean los mares, violan nuestro espacio aéreo y preparan la invasión, mientras por otra parte hace fracasar toda posibilidad de negociación, a pesar de que saben la gravedad del problema.
Ud. ha sido y es un incansable defensor de la paz, comprendo cuán amargas han de ser estas horas, cuando los resultados de sus esfuerzos sobrehumanos son amenazados tan seriamente. Hasta el último momento, no obstante, mantendremos la esperanza de que la paz se salve y estamos dispuestos a contribuir con lo que esté a nuestro alcance. Pero al mismo tiempo, nos disponemos con serenidad a enfrentar una situación que vemos muy real y muy próxima.
Le expreso una vez más la gratitud infinita y el reconocimiento de nuestro pueblo al pueblo soviético que tan generoso y fraternal ha sido con nosotros, y nuestra profunda gratitud y admiración a Ud., así como el deseo de éxito en la enorme tarea y graves responsabilidades que tiene en sus manos.
Fraternalmente,
Fidel Castro

Querido compañero Fidel Castro:
Nuestro mensaje al presidente Kennedy del 27 de octubre permite arreglar la cuestión en su favor, defender a Cuba de la invasión, del desencadenamiento de la guerra. La respuesta de Kennedy que, por lo visto, conoce también, ofrece seguridades de que los EE.UU. no invadirán a Cuba no solamente con sus fuerzas, sino que no permitirán a sus aliados realizar la invasión. Con esto el presidente de los EE.UU. responde positivamente a mis mensajes del 26 y 27 de octubre de 1962.
Ahora acabamos de preparar nuestra respuesta al mensaje del presidente. No le voy a exponerlo porque conocerá el texto que está transmitiéndose por la radio.
Con este motivo quisiéramos recomendarle ahora, en este momento de cambio en la crisis, que no se dejen llevar por los sentimientos, revelen la firmeza. Hay que decir que comprendemos su sentimiento de indignación ante las acciones agresivas de los EE.UU. y violaciones de las normas elementales del derecho internacional.
Pero ahora está en vigor no tanto el derecho, cuanto la insensatez de los militaristas del Pentágono. Ahora, cuando se divise el acuerdo, el Pentágono busca el pretexto para frustrar este acuerdo. He aquí porqué organiza los vuelos provocativos de los aviones. Ayer Vds. derribaron uno de ellos, mientras que antes no los derribaban, cuando sobrevolaban su territorio. Tal paso será aprovechado por los agresores en sus fines.
Por lo tanto quisiéramos aconsejarle amistosamente: muestren paciencia, firmeza y una vez más firmeza. Desde luego, si hay invasión, será necesario rechazarla por todos los medios. Pero no hay que dejarse llevar por las provocaciones, porque los militaristas desenfrenados del Pentágono ahora, por lo visto, cuando se divisa la eliminación del conflicto, que es en su favor, creando la garantía contra la invasión a Cuba, quieren hacer frustrar el acuerdo y provocarles hacia las acciones que podrían usarse contra Vds. Les pediríamos no dar el pretexto para esto.
Nosotros de nuestra parte haremos todo para estabilizar la situación de Cuba, defender a Cuba de la invasión y asegurarles las posibilidades de la construcción pacífica de la sociedad socialista.
Le enviamos el saludo extendiéndolo a toda su colectividad de dirección.
N. Jruschov
28 de octubre de 1962

La Habana
28 de Octubre de 1962
Sr. Nikita Jruschov
Primer Ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas U.R.S.S.
Querido compañero Jruschov:
Acabo de recibir su carta.
La posición de nuestro Gobierno en relación a lo que usted nos comunica está contenida en la declaración formulada en el día de hoy cuyo texto seguramente usted conoce.
Deseo aclararle algo referente a las medidas anti-aéreas que nosotros adoptamos. Usted dice: "Ayer ustedes derribaron uno de ellos mientras que antes no los derribaban cuando sobrevolaban su territorio".
Antes se cometían violaciones aisladas sin un propósito militar determinado o sin un peligro real derivado de esos vuelos.
Ahora no era ése el caso. Existía el peligro de un ataque sorpresivo sobre determinadas instalaciones militares. Decidimos que no debíamos cruzarnos de brazos porque un ataque por sorpresa, apagados los radares de detección, y los aviones potencialmente agresores volando impunemente sobre los objetivos, podía destruirlos totalmente. No creíamos que debíamos permitir eso después de los esfuerzos y gastos realizados, y además porque nos debilitaría mucho militar y moralmente. Con ese motivo las fuerzas cubanas el día 24 de Octubre movilizaron 50 baterías anti-aéreas, que era toda nuestra reserva, para apoyar esas posiciones de las fuerzas soviéticas. Si queríamos evitar los riesgos del ataque por sorpresa era necesario que los artilleros tuviesen órdenes de disparar. El mando de las fuerzas soviéticas le podrá brindar informes adicionales de lo que ocurrió con el avión derribado.
Antes, las violaciones del espacio aéreo se hacían de facto y de modo furtivo. En el día de ayer el Gobierno Americano trató de oficializar el privilegio de violar nuestro espacio aéreo a cualquier hora del día y de la noche. Eso no lo podemos aceptar nosotros, porque equivale a renunciar una prerrogativa soberana. Sin embargo, nosotros estamos de acuerdo, en evitar un incidente en estos precisos instantes que pudiera ocasionar un gran daño a las negociaciones y daremos instrucciones a las baterías cubanas de no disparar, pero sólo mientras duren las negociaciones y sin revocar la declaración publicada ayer sobre la decisión de defender nuestro espacio aéreo. Debe contarse, además, con el peligro de que en las condiciones actuales de tensión accidentalmente pueden ocurrir incidentes.
También deseo informarle que nosotros somos en principio contrarios a la inspección de nuestro territorio.
Aprecio extraordinariamente el esfuerzo que usted ha hecho por mantener la Paz; y estamos absolutamente de acuerdo con la necesidad de luchar por ese objetivo. Si ello se logra de manera justa, sólida y definitiva, será un inestimable servicio a la humanidad.
Fraternalmente,
Fidel Castro

Querido compañero Fidel Castro:
Hemos recibido Su carta del 28 de octubre y las comunicaciones sobre las conversaciones que Vd., como también el Presidente Dorticós han tenido con nuestro embajador.
Comprendemos su situación y tomamos en cuenta las dificultades que Vd. tiene ahora en la primera etapa transitoria después de la liquidación de la tensión máxima surgida debido a la amenaza del ataque de parte de los imperialistas norteamericanos el que Vd. estaba esperando de un momento a otro.
Comprendemos que para Vd. están creadas determinadas dificultades a causa de que hemos prometido al gobierno de los Estados Unidos retirar la base coheteril de Cuba, en calidad de arma ofensiva, a cambio del compromiso de parte de los Estados Unidos de dejar los planes de invasión a Cuba por tropas de los propios EE.UU. y sus aliados en Hemisferio Occidental, de levantar así llamada "cuarentena", es decir poner fin al bloqueo de Cuba. Esto llevó a la liquidación del conflicto en la zona del Caribe que estaba preñado, como lo entiende bien, del choque de dos potencias poderosas y de su transformación en la guerra mundial termonuclear y de cohetes.
Como hemos comprendido a nuestro embajador, entre algunos cubanos existe la opinión que el pueblo cubano desearía la declaración de otro carácter, en todo caso no desearía la declaración sobre el retiro de cohetes. Es posible que esta clase de sentimientos existe entre el pueblo. Pero nosotros, personalidades políticas y del estado, somos dirigentes del pueblo que no sabe todo y no puede abarcar en seguida todo lo que deben abarcar los dirigentes. Por lo tanto debemos ir a la cabeza del pueblo y entonces el pueblo nos seguirá y nos respetará.
Si nosotros, cediendo ante los sentimientos en el pueblo, nos hubiéramos dejado llevar por ciertas capas electrizadas de la población y nos hubiéramos negado a concertar el razonable acuerdo con el Gobierno de los EE.UU., entonces, posiblemente, habría empezado la guerra, en cuyo transcurso habrían perecido millones de personas y los sobrevivientes habrían dicho que la culpa la tienen los dirigentes que no habían tomado las medidas necesarias para conjurar esa guerra de aniquilación.
La prevención de guerra y del ataque a Cuba dependían no sólo de las medidas que adoptaban nuestros gobiernos, sino también del cálculo de las acciones de las fuerzas enemigas que están situadas cerca de Vds. Por ende había que considerar la situación en su conjunto.
Además hay opiniones de que nosotros y Vd. como lo dicen, no hemos llevado a cabo las consultas con motivo de estas cuestiones antes de adoptar la decisión conocida por Vd.
Con este motivo opinamos que hemos llevado a cabo las consultas con Vd., querido compañero Fidel Castro, recibiendo los cables uno más alarmante que otro y, al fin, Su cable del 27 de octubre en que dijo casi estar seguro de que el ataque a Cuba se consumaría. Vd. opinaba que ésta fue solamente la cuestión de tiempo: el ataque en curso de 24 horas ó 72 horas. Al recibir de Ud. este cable muy alarmante y sabiendo su valentía, opinábamos que esto fue la alarma completamente fundada.
¿Acaso no fue ésta la consulta de su parte con nosotros? Hemos comprendido este cable como señal de extrema alarma. Si en las condiciones creadas, teniendo también en cuenta la información de que el desenfrenado grupo guerrerista de los militaristas de los EE.UU. quiso aprovechar la situación creada y realizar el ataque a Cuba, hubiéramos continuado las consultas, habríamos perdido el tiempo y este golpe habría sido asestado.
Hemos formado la opinión que nuestros cohetes estratégicos en Cuba se convirtieron en una fuerza atractiva para los imperialistas: se asustaron y a causa del temor de que los cohetes sean puestos en marcha, podían atreverse a liquidarlos por medio del bombardeo o realizar la invasión a Cuba. Y hay que decir que podían ponerlos fuera de combate. Por lo tanto, repito, su alarma tenía todos los fundamentos.
En su cable del 27 de octubre Vd. nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear contra el territorio del enemigo. Vd., desde luego, comprende a qué llevaría esto. Esto no sería un simple golpe, sino que el inicio de la guerra mundial termonuclear.
Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición Suya como incorrecta, aunque comprendo su motivo.
Hemos vivido el momento más serio, en que pudo desencadenarse la guerra termonuclear mundial. Evidentemente, en tal caso los EE.UU. sufrirían enormes pérdidas, pero la Unión Soviética y todo el campo socialista también sufriría mucho. En lo que se refiere a Cuba, al pueblo cubano es difícil incluso decir en general con que eso podría terminarse para él. En primer término en el fuego de la guerra se quemaría Cuba. No hay ninguna duda que el pueblo cubano lucharía valientemente pero que perecería heroicamente de eso tampoco hay duda. Pero nosotros luchamos contra el imperialismo no para morir sino que para aprovechar todas nuestras posibilidades, para perder menos en esta lucha y ganar más para vencer y lograr la victoria del comunismo.
Ahora como resultado de las medidas realizadas hemos conseguido aquel objetivo que planteamos, cuando nos acordábamos con Vd. a enviar los medios coheteriles a Cuba. Hemos arrancado de los EE.UU. la obligación de que no invadan a Cuba ellos mismos y no permitan eso a sus aliados de los países de la América Latina. Todo eso hemos arrancado sin el golpe nuclear.
Hemos considerado que hay que aprovechar todas las posibilidades para defender a Cuba, fortalecer su independencia y soberanía, hacer fracasar la agresión militar y excluir la guerra mundial termonuclear en la etapa actual.
Y hemos conseguido eso.
Aquí, desde luego, hicimos concesiones, aceptamos el compromiso actuábamos según el principio de la concesión a costa de concesión. Los EE.UU. hicieron también concesión, asumieron ante todo el mundo la obligación de no atacar a Cuba.
Por eso si comparamos: la agresión de parte de los Estados Unidos y la guerra termonuclear o el compromiso, la concesión a costa de concesión, el mantenimiento de la inviolabilidad de la República de Cuba y la prevención de la guerra mundial, pienso que el total de esta contaduría, de esta comparación es completamente claro.
Desde luego en la defensa tanto de Cuba como de otros países socialistas no podemos confiar en veto del gobierno de los EE.UU. Hemos adoptado y seguiremos adoptando en adelante todas las medidas para fortalecer nuestra defensa y acumular las fuerzas para el caso de la necesidad del golpe de respuesta. Actualmente, como resultado de nuestro suministro de armas, Cuba está fortalecida cómo nunca antes. Incluso después del desmantelamiento de las instalaciones coheteriles Vd. tendrá arma poderosa para rechazar al enemigo tanto en la tierra como también en el aire y en el mar, en cercanía de la isla. Al mismo tiempo, como Vd. recuerda, hemos dicho en nuestro mensaje al presidente de los EE.UU. fechado en 28 de octubre que "deseamos al mismo tiempo que el pueblo cubano tenga la seguridad de que estamos a su lado y no quitamos la responsabilidad nuestra de prestar ayuda al pueblo cubano". Para todos es comprensible que eso es una advertencia sumamente seria de nuestra parte al enemigo.
Vd. declara, en los mítines también, que no se puede confiar a Norteamérica. Eso, desde luego, es justo. Sus declaraciones con respecto a las condiciones de las conversaciones con los EE.UU. consideramos también como correctas. Lo que fue derribado sobre Cuba un avión norteamericano resultó una medida útil porque esta operación terminó sin complicaciones. Es una lección para los imperialistas.
Claro está que nuestros enemigos interpretarán los sucesos a su modo. La contrarrevolución cubana también tratará de levantar la cabeza. Pero pensamos que Vds. dominarán por completo al enemigo interno sin nuestra ayuda. Lo principal que hemos conseguido es la prevención de la agresión de parte del enemigo externo actualmente.
Consideramos que agresor sufrió la derrota. Se preparó agredir a Cuba, pero nosotros lo hemos parado y le obligamos a reconocer ante la opinión pública mundial que no lo hará en la etapa actual. Apreciamos esto como gran victoria. Los imperialistas, desde luego, no van a cesar la lucha contra el comunismo. Pero también tenemos nuestros planes y vamos a adoptar nuestras medidas. Este proceso de lucha se continuará mientras en el mundo existan dos sistemas político–sociales, mientras uno de éstos, y nosotros sabemos que será nuestro sistema comunista, no vencerá y no triunfará en todo el mundo.
Compañero Fidel Castro, hemos decidido enviarle esta respuesta lo más pronto posible. El análisis más detallado de todo lo sucedido lo haremos en la carta que enviaremos próximamente. En dicha carta haremos el análisis más amplio de la situación y nuestra apreciación de los resultados de la liquidación del conflicto.
Ahora, al iniciarse las conversaciones sobre el arreglo del conflicto, le pedimos comunicarnos Sus consideraciones. De nuestra parte seguiremos participándole el desarrollo de estas conversaciones y realizar las consultas necesarias.
Le deseamos, compañero Fidel Castro, los éxitos. Estos éxitos sin duda alguna los tendrá. Tendrán lugar todavía maquinaciones contra Vds. Pero junto con Vds. adoptaremos todas las medidas para paralizarlas y contribuir al fortalecimiento y al desarrollo de la Revolución Cubana.
N. Jruschov
30 de octubre de 1962

La Habana,
octubre 31 de 1962
Sr. Nikita Jruschov,
Primer Ministro de la Unión Soviética, U.R.S.S.
Querido compañero Jruschov:
Recibí su carta del 30 de Octubre. Usted entiende que sí fuimos consultados antes de adoptar la decisión de retirar los proyectiles estratégicos. Se basa en las noticias alarmantes que dice llegaban de Cuba y por último mi cable del 27 de Octubre. No sé cuáles noticias recibió usted; sólo respondo del mensaje que le envié la noche del 26 de Octubre, recibido por usted el 27.
Lo que hicimos frente a los acontecimientos, compañero Jruschov, fue prepararnos y disponernos a luchar. En Cuba sólo hubo una clase de alarma: la alarma de combate.
Cuando a nuestro juicio el ataque imperialista se hizo inminente estimé conveniente comunicárselo a usted y alertar tanto al Gobierno como al Mando soviético — ya que había fuerzas soviéticas comprometidas a luchar junto a nosotros en la defensa de la República de Cuba de una agresión exterior — acerca de la posibilidad de un ataque que no estaba en nuestras manos impedir, aunque sí resistir.
Le expresé que la moral de nuestro pueblo era muy alta y que la agresión sería resistida heroicamente. Al final del mensaje le reiteré de nuevo que esperábamos con serenidad los acontecimientos.
El peligro no podía impresionarnos, porque lo hemos sentido gravitar sobre nuestro país durante mucho tiempo y en cierto modo nos hemos acostumbrado a él.
Los hombres soviéticos que han estado junto a nosotros saben cuán admirable ha sido la actitud de nuestro pueblo durante esta crisis y qué honda hermandad se creó entre los hombres de uno y otro pueblo en las horas decisivas. Muchos ojos de hombres, cubanos y soviéticos, que estaban dispuestos a morir con suprema dignidad, vertieron lágrimas al saber la decisión sorpresiva, inesperada y prácticamente incondicional de retirar las armas.
Usted quizás no conozca hasta qué grado el pueblo cubano se dispuso a cumplir su deber con la Patria y con la humanidad.
No ignoraba cuando las escribí que las palabras contenidas en mi carta podían ser mal interpretadas por usted y así ha ocurrido, tal vez porque no las leyó detenidamente, tal vez por la traducción, tal vez porque quise decir mucho en demasiadas pocas líneas. Sin embargo, no vacilé en hacerlo. ¿Cree usted compañero Jruschov que pensábamos egoístamente en nosotros, en nuestro pueblo generoso dispuesto a inmolarse, y no por cierto de modo inconsciente, sino plenamente seguro del riesgo que corría?
No, compañero Jruschov, pocas veces en la historia y hasta podría decirse que ninguna, porque nunca tan tremendo peligro corrió sobre pueblo alguno, se dispuso un pueblo a luchar y a morir con sentido tan universal de su deber.
Nosotros sabíamos, no presuma usted que lo ignorábamos, que habríamos de ser exterminados, como insinúa en su carta, caso de estallar la guerra termonuclear. Sin embargo, no por eso le pedimos que retiraran los proyectiles, no por eso le pedimos que cediera. ¿Cree acaso que deseábamos esa guerra? ¿Pero cómo evitarla si la invasión llegaba a producirse? Se trataba precisamente de que este hecho era posible, de que el imperialismo bloqueaba toda solución y sus exigencias eran desde nuestro punto de vista imposibles de aceptar por la URSS y por Cuba.
Y si el hecho se producía, ¿qué hacer con los dementes que desatasen la guerra? Usted mismo ha afirmado que en las condiciones actuales la guerra inevitablemente se transformaría en guerra termonuclear, rápidamente.
Yo entiendo que una vez desatada la agresión, no debe concederse a los agresores el privilegio de decidir, además, cuándo se ha de usar el arma nuclear. El poder destructivo de esta arma es tan grande y tal la velocidad de los medios de transporte, que el agresor puede contar a su favor con una ventaja inicial considerable.
Y yo no sugerí a usted, compañero Jruschov, que la URSS fuese agresora, porque eso sería algo más que incorrecto, sería inmoral e indigno de mi parte; sino que desde el instante en que el imperialismo atacara a Cuba y en Cuba a fuerzas armadas de la URSS destinadas a ayudar a nuestra defensa en caso de ataque exterior, y se convirtieran los imperialistas por ese hecho en agresores contra Cuba y contra la URSS, se les respondiera con un golpe aniquilador.
Cada cual tiene sus propias opiniones y yo sostengo la mía acerca de la peligrosidad de los círculos agresivos del Pentágono y su tendencia al golpe preventivo. No le sugerí a usted, compañero Jruschov, que en medio de la crisis la URSS atacara, que tal parece desprenderse de lo que me dice en su carta, sino que después del ataque imperialista, la URSS actuara sin vacilaciones y no cometiera jamás el error de permitir las circunstancias de que los enemigos descargasen sobre ella el primer golpe nuclear. Y en ese sentido, compañero Jruschov, mantengo mi punto de vista, porque entiendo que era una apreciación real y justa de una situación determinada. Usted puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy equivocado sin convencerme.
Sé que éste resulta ser un tema tan delicado que sólo en circunstancias como ésa y en un mensaje muy personal se podía abordar.
Usted se preguntará qué derecho tenía yo a hacerlo. Lo abordé sin importarme cuán espinoso era, siguiendo un dictado de mi conciencia como un deber de revolucionario e inspirado en el más desinteresado sentimiento de admiración y cariño hacia la URSS, a lo que ella representa para el futuro de la humanidad y la preocupación de que nunca más vuelva a ser víctima de la perfidia y la traición de los agresores como lo fue en 1941, lo que tantos millones de vidas y destrucción costó. Además, el que le hablaba no era un azuzador, sino un combatiente desde la trinchera de mayor peligro.
No veo cómo puede afirmarse que fuimos consultados de la decisión tomada por usted.
Nada puedo desear más en estos instantes que estar equivocado. Ojalá sea usted quien tenga toda la razón.
No son unos cuantos como le han informado a usted, sino muchos los cubanos que en este momento viven instantes de indecible amargura y tristeza.
Los imperialistas ya empiezan de nuevo a hablar de invadir al país, como prueba de lo efímeras y poco dignas de confianza que son sus promesas. Nuestro pueblo, sin embargo, mantiene inquebrantable su voluntad de resistir a los agresores y quizás más que nunca necesite confiar en sí mismo y en esa voluntad de lucha.
Lucharemos contra las circunstancias adversas, nos sobrepondremos a las dificultades actuales y saldremos adelante sin que nada pueda destruir los lazos de amistad y gratitud eterna hacia la URSS.
Fraternalmente,
Fidel Castro
No Diário Granma
Fonte: http://contextolivre.blogspot.com/2012/11/crisis-de-los-misiles-cartas-de-fidel-y.html

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