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Telenovela brasileña en Cuba: rastro de ida y vuelta

25 de Agosto de 2017, 9:26 , por Cubahora | Ultimas Noticias - | No one following this article yet.
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¿Cómo las novelas producidas en Brasil lograron conquistar al público nacional? ¿Desde cuándo? ¿Por qué gustan tanto aquí?...

Telenovela brasileña en Cuba: rastro de ida y vuelta “Lado a Lado”, telenovela brasileña producida y transmitida por Rede Globo.

De novela… es esta historia. Aunque no se trata, lo adelanto, de uno de esos comentarios que suelen servir de alfombra roja a materiales audiovisuales; ni de una de esas críticas especializadas, con lenguaje encumbrado y análisis estético, que suelen dejar magullada a cualquier producción televisiva... en especial las llamadas novelas.

Más bien se intenta una aproximación a un tema demasiado popular, una “zambullida” en el ancho y profundo -muchas veces navegado- mar de la telenovela brasileña, pero desde la perspectiva de su impacto social en el público de casa. ¿Cómo las novelas producidas en Brasil lograron calar Cuba? ¿Desde cuándo? ¿Por qué gustan tanto aquí? Son algunos de los puntos de interés sobre el asunto que vale la pena tantear.

Es importante señalar algo, que no por dicho deja de ser pertinente: el boom de “culebrones” que hoy sienta al planeta frente a la pantalla chica -y plana para quien la tenga- tuvo su origen en la radio; específicamente en Cuba. Fue el sanluisero Félix Benjamín Caignet, y no otro, el padre del género. En los años 30 del pasado siglo, a través de la emisora CMKC, puso en el éter su serial dramático de corte policíaco La serpiente roja, donde el detective chino Chan Li Po develaba misterios y crímenes. De todas maneras, fue su radionovela El derecho de nacer la que devendría suceso de masas en América Latina y llenaría de gloria al autor santiaguero.

De la mayor de las Antillas la técnica del suspenso se exportó al mundo.

Con la entrada de la televisión en el contexto latinoamericano, y más particularmente en Cuba y Brasil, el “invento” de Caignet resultó importado de forma automática al flamante medio. Lo mismo ocurrió con muchos técnicos y profesionales de la radio. Hacia 1950 la TV experimentó y expandió varias de las fórmulas exitosas de su precursora, entre ellas la novela, que consolidó su capacidad de seducir a la teleaudiencia.

La telenovela hecha en el gigante sudamericano terminó por convertirse en la producción televisiva más popular allí, y en los años 80 logró conquistar territorios fuera de sus fronteras, hasta alcanzar la fama cosmopolita que hoy tiene; incluso en naciones asiáticas y europeas.

En 1983 aterrizó en Cuba. Por eso desde que unos cuantos tenemos uso de razón hemos visto telenovelas brasileñas a razón de dos o tres veces por semana, y hasta los cinco días de entresemana, en dependencia de los horarios asignados, o si alterna con la cubana. Una mujer llamada Malú fue el primer culebrón carioca que estrenó la televisión cubana. Ocurrió algo así como amor a primera vista de los espectadores con el programa. Tan grande aceptación tuvo que su director Daniel Filho y su protagonista, la acreditada actriz Regina Duarte, realizaron sendas visitas a La Habana el año siguiente.

A partir de esa transmisión pionera la TV nacional mantuvo su apuesta por la novela de Brasil. Entre los exponentes más recordados figuran: La esclava Isaura (vendida a más de 80 países y hasta hace poco la más exportada), Doña Bella, La sucesora, Derecho de amar, El pagador de promesas, La próxima víctima, Amor con amor se paga, Mujeres de arena, Te odio mi amor, Felicidad, El rey del ganado, Cabocla, La muralla, hasta la más recientes Avenida Brasil (alcanzó 38 millones de partidarios y gran impacto en las redes sociales), Imperio y Rastros de mentiras (en la que el “todo en uno” Félix se robó el show con su repertorio de frases mitológicas).

También han tenido su espacio los típicos novelones lacrimógenos de México y los de Colombia, con sus recurrentes argumentos musicales o mafiosos. Hasta las niponas Ochín e Inochi tuvieron sus chances. Puede que en algún caso -tal vez Caballo viejo o Aguas mansas- haya ganado aplausos, pero no “engancharon” como los provenientes de la cuna de la zamba.

¿Toxina de “culebrón”?

La novela brasileña se volvió cotidiana en la vida de los cubanos -sobre todo de las cubanas-, plato fuerte en las noches de Cubavisión. Cobró visos de “manía”. Usualmente, a lo largo de años, a la gripe de moda le pusieron el alias de la mala de turno; a perritas, gaticas y otras mascotas las bautizaron Malú, Bella, Zuca, Paloma…; igual muchos bebés tomaron los nombres de lindas muchachas o galanes protagónicos; reuniones del CDR y eventos deportivos se ajustaron por tal de no competir con el horario del dramatizado por excelencia.

Aun en el Periodo Especial, cuando los apagones estaban “a pululu”, hubo quienes caminaron cuadras hasta casa del amigo o cualquier lugar donde hubiera electricidad y les permitieran ver el capítulo correspondiente. De alguna novela brasileña -de cuyo nombre no consigo acordarme- los cubanos sacaron la expresión “paladar” para identificar a los restaurantes privados. En las letras de las canciones sonaron Nazaret o Viriato; a los personajes populares o a cualquiera en la calle, según sus talantes, se les moteó o comparó con Roque Santeiro, Nonó Correia, Jorge Tadeo, Doña Do Carmo, Suelen...

El fenómeno no es privativo de la Isla, claro está. La telenovela brasileña despliega su magia a escala global, sin desechar que ese papel hegemónico está respaldado por ciertos parámetros de calidad.

Quizás alguien se cuestione si es útil dedicar una hora nocturna frente al televisor, cada día, para ver cómo se desenredan esas tramas ficticias, vidas ajenas inventadas por emporios de la “tele” como Rede Globo. Sencillamente las telenovelas siguen cautivando multitudes, y al público cubano en especial -que de eso se trata el comentario-, porque les permite reflejarse en la historia, involucrarse en melodramas donde a cada momento afloran intrigas y ocurren giros sorprendentes, solazarse con “chismes” de la sempiterna lucha del amor contra el odio, del bien contra el mal. Esta enajenación también les da la posibilidad de abstraerse -al menos por el rato- de las preocupaciones y los problemas diarios; deleitarse con actores y actrices atractivos, escenografías encantadoras, vestuarios pomposos; viajar con la imaginación. Soñar.

Según algunas visiones teóricas, las telenovelas son más triviales y adictivas que generadoras de cambios sociales. Aportan “entretenimiento educativo”. En realidad no deja de ser este un tema polémico, siempre abierto a estudios que profundicen en los efectos, favorables o nocivos, que puede tener en televidentes de ambos sexos, de diversas edades y regiones.

En Cuba, donde la TV ocupa una parte importante del consumo cultural de la población, puede que tampoco se haya investigado a fondo tal adhesión a la novela brasileña. Por lo pronto su impacto es perceptible, innegable.


Fonte: /cultura/telenovela-brasilena-en-cuba-rastro-de-ida-y-vuelta

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