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El béisbol, el fútbol, los norteamericanos. Por Carlos Ávila Villamar

15 de Janeiro de 2018, 12:02 , por La pupila insomne - | No one following this article yet.
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Una de las pocas cosas que comparto con la idiosincrasia norteamericana es el odio por el fútbol. Me parece un deporte insoportablemente aburrido y monótono. Me sorprende cómo la gente cree que, solo porque en él los jugadores estén moviéndose de manera simultánea todo el tiempo, resulta más interesante que el béisbol, un deporte basado en la tensión. Es sabido que la tensión es infinitamente más atrapante que la acción en sí, pero supongo que es un concepto demasiado sofisticado para ciertos espectadores, que se amarran a la pirotecnia más primitiva. La razón por la que la gente prefiere el fútbol al béisbol, sospecho, es la misma por la que un niño puede preferir una película de Michael Bay a una de Hitchcock.

El deporte, como sustituto del combate, tiene el encanto de la heroicidad, el sobresalir entre un grupo cualquiera de hombres. Ver un deporte en buena parte consiste en la identificación con un equipo o un jugador. Más que el fútbol o el béisbol en sí, las personas disfrutan la expectativa de la victoria de sus equipos o jugadores predilectos. Es cierto que también hay un disfrute en la imparcial observación de los movimientos y las técnicas, pero se trata de un hábito tardío y secundario. Nadie empieza a seguir un deporte por el mero disfrute de analizarlo, empezamos a seguirlo porque queremos ver a alguien ganar. Y normalmente queremos que gane lo que creemos que se parece más a nosotros. Las ciudades tienden a ir a sus respectivos equipos porque hay un efecto boomerang que les devuelve la gloria a sí mismas. De hecho, el origen de prácticamente todas las competiciones deportivas es regional, y ha estado vinculado con las encubiertas demostraciones de fuerza de diferentes poderes. Las siempre enemistadas ciudades griegas hacían los juegos olímpicos pensando en demostrar su valor sobre las otras.

Sin embargo, a finales del siglo pasado comenzó a acelerarse el proceso de globalización, y comenzaron a emerger primera vez en Occidente poderes que rebasaban los estados nacionales. Las grandes corporaciones de nuestros días tal vez solo puedan ser comparadas en fuerza con lo que representaba el cristianismo en la Europa medieval. Su auge ha traído un cambio de pensamiento en todas las esferas de la vida humana, incluida la deportiva. Los equipos de las diferentes ligas mantienen el nombre de las regiones por costumbre y comodidad, sin embargo poco queda de la esencia deportiva griega, que exigía que un atleta compitiera exclusivamente por su región. En última instancia los deportistas del béisbol profesional norteamericano o de la liga española de fútbol compiten por las corporaciones que están detrás de sus equipos. Con todo esto quiero explicar el cambio en la concepción del deporte a causa del cual muchos niños cubanos no se sienten extraños apoyando a un equipo de una región de otro país, que por si fuera poco está compuesto por jugadores de todas partes del mundo.

Eso se entiende, lo curioso es entonces que los cubanos hayan perdido el interés en el béisbol en favor del fútbol. No hay modo de que la globalización explique eso a cabalidad. Lo más coherente dentro de esa lógica sería que los niños cubanos comenzaran a seguir el béisbol profesional norteamericano. Sin embargo prefieren el fútbol.

En caso de que el lector no lo notara, Cuba fue hasta hace poco más de veinte años un país latinoamericano atípico en todos los aspectos, incluso antes del triunfo revolucionario. La cultura cubana, salvo excepciones como el gusto por el cine mexicano o por la literatura del boom, prácticamente no tomó nada del resto de América Latina en todo el siglo veinte. Otros países latinoamericanos sí tomaron de Cuba, pero Cuba no tomó mucho de ellos. Nuestra cultura del siglo veinte, por increíble que parezca, tomó más préstamos de Estados Unidos o del Bloque Socialista que de la cercana isla de Puerto Rico. Sin embargo a partir de los años noventa no solo la emigración se dispara, también se dispara la influencia de los emigrados en los cubanos de la isla.

Los dos mayores centros receptores de inmigrantes cubanos son todavía la Florida y España, que fueran esos sitios y no otros cambió nuestra cultura para siempre. La Florida ha sido la capital cultural de América Latina en las últimas décadas, en ella los cubanos emigrados mezclaron su modo de ver el mundo con el de los inmigrantes dominicanos, colombianos o guatemaltecos. Los cubanos empezaron a escuchar la música que se escuchaba en esos países, empezaron a vestirse como ellos y en algún punto a pensar como ellos, signifique eso lo que signifique. Los cubanos de la isla terminamos por hacerlo también, así como terminamos viendo series televisivas españolas. El béisbol, que es una herencia de la etapa de penetración norteamericana, fue sustituido por el fútbol, popular en la Florida y en España.

Muchos creen que Cuba está siendo permeada por símbolos norteamericanos en los últimos años, y es cierto solo hasta un punto. La realidad me parece peor: más que nada, está siendo permeada por la versión que las partes más atrasadas de América Latina hicieron del sueño americano, el estado multinacional de la Florida. Si fuera cierto que es la verdadera cultura norteamericana la que más está entrando, nos gustaría el béisbol, no el fútbol. Por una vez en la vida, la hegemonía cultural norteamericana me hubiera parecido preferible.


Fonte: https://lapupilainsomne.wordpress.com/2018/01/15/el-beisbol-el-futbol-los-norteamericanos-por-carlos-avila-villamar/