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La pupila insomne

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3 de Abril de 2011, 21:00 , por Desconhecido - | No one following this article yet.
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#LaPupilaTv: Bioy Casares: Los libros, el amor… (video)

21 de Fevereiro de 2020, 9:51, por La pupila insomne



González Casanova, Cuba, Venezuela… Por Ángel Guerra Cabrera

20 de Fevereiro de 2020, 10:29, por La pupila insomne

Corrían las primeras semanas de la guerra de Estados Unidos contra Irak en 2003 y al mismo tiempo subían de tono, muy agresivamente, las persistentes campañas de calumnias y mentiras de la potencia norteña contra la Revolución Cubana. Fogoneada por los principales medios estadounidenses como The New York Times y el Washington PostEl país, de España, La Nación de Buenos Aires, sus semejantes en la región latinocaribeña al igual que los grandes conglomerados electrónicos como Fox News y CNN, se extendía como mancha de petróleo una enrarecida y furibunda campaña anticubana. De repente, en el momento más dramático e intenso de vociferación e histeria comunicacional, cuando parecía que la ola mediática era imparable y podía llegar a imponer su odioso e injusto sentido común contra la isla rebelde, un artículo de Pablo González Casanova irrumpió como un rayo en la portada de La Jornada, de México, el 25 de marzo. Dentro de un mes y días hará 17 años de aquel sacudón.

Pablo González Casanova

Decía don Pablo: Uno siente que la humanidad está en grave peligro. Cuando hay una terrible carnicería en Irak con bombas y superbombas que relampaguean a todas horas, en todo el mundo se enjuicia y condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando Estados Unidos hace una guerra de conquista para apoderarse del país que poseía la primera reserva de petróleo mundial no privatizada, se condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando la mayor parte de las naciones del mundo padecen crecientes problemas de desempleo, insalubridad, hambre y educación, mientras en Cuba toda la población tiene empleo, servicios de salud, alimentación y escuelas, se condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando a la anunciada invasión a Irak añaden nuevas amenazas de intervención contra el eje del mal, en el que Estados Unidos incluye a Cuba al tiempo que acentúa el bloqueo de más de cuatro décadas contra la isla, se acusa de violación de derechos humanos a Cuba.

Aquel artículo le dio la vuelta al globo y, junto a una definitoria declaración de apoyo a la isla de Gabriel García Márquez y otras publicaciones aparecidos en este diario en defensa de la  autodeterminación y soberanía de Cuba, se extendieron como onda expansiva y enfriaron la campaña de los medios hegemónicos. Ello, unido a la lectura por González Casanova, en la Plaza de la Revolución de La Habana, de un llamamiento por la paz del mundo salido de un grupo de amigos en México desencadenó un debate de gran calado a escala internacional en importantes sectores de la intelectualidad y la academia sobre la peligrosidad del gobierno de Bush y su estrategia de agresión militar precedida de guerra mediática contra los países con grandes recursos petroleros como Irak, Libia y Venezuela o simplemente incómodos como Cuba. Estas acciones y el apoyo que en cuestión de horas y días recibieron de la intelectualidad en muchos países contribuyeron a diluir el peligrosísimo clima bélico contra Cuba que intentó gestar el gobierno de W. Bush.

Titulado Con Saramago hasta aquí y con Cuba hasta siempre, el artículo de González Casanova respondía a un lamentable escrito del Nobel, pero en una postdata escrita, parte en México, parte en Madrid, decía esperar que Saramago no apoyara la campaña contra Cuba. Previó así la rectificación del portugués, cuya amistad con la isla continuó hasta el final, no obstante el exabrupto que provocó la dura respuesta del sociólogo mexicano. Y es que don Pablo ha acompañado siempre las luchas de liberación, en nuestra América y en el mundo, y Cuba ha sido para él algo muy especial. Una relación iniciada, según ha contado, por la influencia que en el Colegio de México tuvo en su apropiación del marxismo el cubano-martiano Julio Le Riverend, notable historiador cubano, militante entonces del viejo partido de los comunistas cubanos y también luego del fundado por Fidel.  La estrecha y activa solidaridad con Cuba, en todo caso, ha sido una constante en la vida de don Pablo, quien ha recibido, además del doctorado honoris causa por la Universidad de La Habana, la Orden Nacional José Martí, la más alta condecoración que entrega el gobierno cubano. Como era de esperar, la Revolución Bolivariana y Chavista también ha estado siempre en su radar. En un artículo publicado en La Jornada, el también comandante Pablo Contreras del EZLN expresó: Paradójicamente –como ya ocurrió en la larga historia del proceso revolucionario en Cuba– hoy, frente al sostenido y creciente ataque contra Venezuela, ni el propio pueblo venezolano ni el poderoso imperio que con sus incontables engaños dice hacer todo lo posible por salvar al pueblo venezolano de una nueva y feroz dictadura, ni el imperio ni el pueblo empobrecido y rebelde logran derrocar al criminal e inepto gobierno, por lo que el imperio se ve obligado a añadir otro gran engaño, sosteniendo que la situación política de Venezuela representa sobre todo un gran peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Twitter:@aguerraguerra

 



¿Cuáles son las vulnerabilidades que pueden provocar incidentes de ciberseguridad? Por Omar Pérez Salomón

19 de Fevereiro de 2020, 23:03, por La pupila insomne

De vulnerabilidades que provocan incidentes de ciberseguridad estaremos hablando en este artículo con Miguel Gutiérrez Rodríguez, Director General de Informática del Ministerio de Comunicaciones de Cuba.

La identificación de las vulnerabilidades del sistema y el establecimiento de medidas que eviten que las distintas amenazas posibles exploten dichas vulnerabilidades, permite disminuir los incidentes de ciberseguridad. En este sentido, ¿cuáles son los tipos de vulnerabilidad conocidos?

Como se refleja en el artículo 9 del Decreto No. 360 de julio de 2019, sobre la Seguridad de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y la Defensa del Ciberespacio Nacional, la vulnerabilidad se identifica como el punto o aspecto del sistema que muestra debilidad al ser atacado o que puede ser dañada su seguridad; representa los aspectos falibles o atacables en el sistema informático y califica el nivel de riesgo de un sistema.

En correspondencia con su naturaleza y la manera en que se producen se distinguen diferentes tipos de vulnerabilidades:

Vulnerabilidad física: Se encuentra en el nivel del edificio o entorno físico del sistema. Se relaciona con la posibilidad de entrar o acceder físicamente al sistema para robar, modificar o destruir el mismo. Por ejemplo, ventanas si rejas, cercado perimetral deficiente y falta de compartimentación.

Vulnerabilidad natural: Grado en que el sistema puede verse afectado por desastres naturales o ambientales que puedan dañarlos, como inundaciones, incendios, rayos, terremotos, fallos eléctricos, polvo, humedad y temperatura excesiva.

Vulnerabilidad del hardware y el software: Algunos dispositivos pueden ser más vulnerables que otros. Ciertos fallos o debilidades del software del sistema hacen más fácil acceder al mismo y lo hacen menos fiable. Aquí se incluyen todos los errores en los sistemas operativos, u otros tipos de aplicaciones que permiten atacarlos. Un ejemplo frecuente de este tipo de vulnerabilidad se observa en los dispositivos magnéticos utilizados para las copias de seguridad, que obliga en la mayoría de los casos, a mantener más de una versión por si se producen fallos.

Vulnerabilidad de los medios o dispositivos: Se refiere a la posibilidad de robar o dañar los equipos que forman parte de la infraestructura computacional, incluyendo sus componentes y medios removibles, por ejemplo, discos, dispositivos USB y otros.

Vulnerabilidad por emanación: Los dispositivos eléctricos y electrónicos emiten radiaciones electromagnéticas. Existen equipos y medios de interceptar estas emanaciones y descifrar o reconstruir la información almacenada o transmitida, por lo que este tipo de vulnerabilidad cobra mayor importancia cuando se procesa información de mucho valor que requiere un acceso fuertemente restringido.

Vulnerabilidad de las comunicaciones: La conexión de las computadoras a redes extiende la vulnerabilidad del sistema. Se incrementa el nivel de riesgo a que está sometido, al aumentar la cantidad de personas que puede tener acceso al mismo o intentar tenerlo. También se añade el riesgo de intercepción de las comunicaciones, no importa si se emplean enlaces alámbricos o inalámbricos.

Vulnerabilidad humana: El personal que administra y utiliza el sistema puede representar la mayor vulnerabilidad. Toda la seguridad del sistema descansa sobre su administrador, que tiene acceso al máximo nivel y sin restricciones. Los usuarios del sistema también representan un riesgo ya que son los que pueden acceder al mismo, tanto presencialmente como mediante conexión remota.

Los usuarios que posean baja preparación para el empleo  de los sistemas representan una vulnerabilidad que se manifiesta en una deficiente explotación  y errores de operación.

¿Cómo las vulnerabilidades en los sistemas informáticos pueden dar lugar a un incidente de seguridad?

Las vulnerabilidades de cualquier sistema o aplicación adquieren su verdadera connotación en el momento en que pueden originar un incidente de seguridad, ya sea como resultado de un hecho accidental o intencional.

En Internet varios sitios se dedican a buscar vulnerabilidades en los sistemas y publicarlas. Existen personas que desarrollan programas denominados exploit para generar incidentes de seguridad a partir de las vulnerabilidades, mientras que los fabricantes tratan de enmendarla a través de soluciones conocidos como parches de seguridad.

El problema está en que desde el momento en que la vulnerabilidad es conocida hasta que es aplicada una solución, el sistema se encuentra expuesto a los ataques utilizando exploit hechos especialmente para esa vulnerabilidad. Hoy el tiempo entre el descubrimiento de una vulnerabilidad y la aparición de una nueva técnica que explote la misma es muy corto.

¿En el caso de Cuba, cuáles son los aspectos que pueden convertirse en vulnerabilidades si no se le presta una debida atención?

A partir de nuestras condiciones considero que es imprescindible prestarle atención a las siguientes cuestiones:

    • Implementación de las medidas de seguridad  tecnológica que  acompañen coherentemente los procesos de informatización del sector.
    • Fortalecimiento de las estructuras organizativas que atienda las funciones de  ciberseguridad.
    • Separación física entre las redes.
    • Preparación en temas de regulaciones vigentes o técnicas respecto a ciberseguridad.
    • Idoneidad en el personal que ocupan plazas de administración y supervisión de redes.
    • Dar la prioridad necesaria a la conducción de la ciberseguridad.
    • Elevar la percepción de riesgos.
    • Análisis con rigor de las causas y condiciones que pueden favorecer la ocurrencia de incidentes de ciberseguridad.

Los controles realizados por la Oficina de Seguridad de las Redes Informáticas (OSRI), a varias redes cubanas en el año 2019, dio como resultado que un 30,4% de las mismas obtuvieron una calificación de vulnerable o muy vulnerable. Si bien es cierto que existe una mejoría en relación a lo acontecido en años anteriores, es preciso aplicar con más rigor las medidas dirigidas a fortalecer la ciberseguridad.

Para que se tenga una idea de la evolución, basta decir que en el año 2013 los controles realizados en 421 entidades determinaron que un 44% tenían su seguridad informática vulnerable o muy vulnerable.

La vulnerabilidad más notificada fue el MS17-010, que afecta a la versión 1.0 del protocolo SMB de la plataforma Windows, permitiendo la ejecución de código de manera remota en el sistema vulnerable. Se hizo mundialmente famosa al ser publicada por la organización Shadow Brokers y luego, por ser explotada por el ransomware WannaCry para introducirse en distintos sistemas de todo el mundo.



Elecciones en Estados Unidos: La influencia decisiva del dinero en la política. Por Fernando García Bielsa

18 de Fevereiro de 2020, 23:04, por La pupila insomne

Este es uno de los asuntos que muestra de lleno la falsedad de la democracia estadounidense, concepto por demás reducido al ejercicio de votar cada cuatro años para escoger entre dos candidatos avalados de antemano por las maquinarias de dos partidos favorecidos por el sistema político imperante.

Solo candidatos de esas entidades son capaces de sostener una campaña y proyectarse nacionalmente gracias a las grandes sumas de dinero que les aportan las corporaciones y los dueños de las grandes fortunas.

La carga financiera necesaria, tanto para los partidos como para los políticos que se lanzan a emprender una campaña electoral, ha crecido prodigiosamente. Se requieren grandes sumas de dinero para financiar la política y ello está distorsionando procesos democráticos vitales.

Un conjunto de factores y rasgos de tan complejo país explican su estabilidad bajo un claro control oligárquico, entre ellas debemos jerarquizar el acople existente entre los sistemas eleccionario, partidista y mediático, manipulados para garantizar resultados siempre favorables a los intereses imperiales y de negocios, y explotar, para ello, las múltiples contradicciones y recelos existentes en la sociedad.

A través de la historia, ha sido principalmente desde tras bambalinas que las clases acaudaladas de Estados Unidos han manipulado a los políticos y al gobierno como vía para expandir su riqueza e influencia. La presentación como aspirante a la candidatura demócrata de Michael Bloomberg, uno de los hombres más ricos del país ($53 mil millones de dólares) grafica el interés de algunos de esos potentados de entrar directamente en la gestión estatal, como ya lo hizo el actual presidente Donald Trump.

Ello haría posible, aunque improbable, que se les ofrezca a los votantes la alternativa de tener que escoger presidente entre dos multimillonarios, justo cuando el gran tema político y polarizador es la desigualdad económica y la excesiva concentración de la riqueza.

Lo anterior sería una anomalía. Lo habitual, lo escandaloso es que, ante el costo tan alto de las campañas y de toda la parafernalia necesaria, las clases ricas y las grandes empresas capitalistas tengan manos libres para financiar y promover a los candidatos de su preferencia. Apuestan a que el presidente electo u otros “servidores públicos” estarán también a sus servicios, es decir, al servicio de quienes en realidad detentan el poder.

La concentración del poder económico y la influencia política se refuerzan mutuamente y se perpetúan, especialmente en Estados Unidos donde los individuos más acaudalados y las corporaciones no tienen límites legales para invertir en las elecciones. Ello ha sido calificado por algunos como una “perversión financiera de la democracia”.

En ocasiones se intentó establecer límites contra lo que se consideraba influencia indebida o incontrolada de las contribuciones financieras.  Una de esas circunstancias fue después de 1974 como reacción a Watergate y los abusos de poder de Nixon, cuando se establecieron algunas regulaciones que luego han sido echadas por tierra. Un momento notorio para ello fue el indecoroso dictamen de la Corte Suprema en 2010 conocido como Citizens United (mayormente aceptado por demócratas y republicanos).

Esa decisión permite a las corporaciones y a los grandes comités de acción política (PAC) la entrega de ilimitados y anónimos fondos a las campañas electorales bajo el argumento de ser parte del derecho a la “libertad de expresión”. De manera que se logra un adecuado apoyo financiero corporativo obtenido sin la identificación de los donantes individuales, con lo que se evita que aparezca la relación entre el que aporta y el que recibe.

Esas entidades pueden además emplear fondos propios para propaganda, donde pueden abogar en pro o en contra de candidatos siempre que no lo hagan en coordinación con la campaña de los mismos.

Otro intento de concretar reglas respecto al dinero y donaciones de procedencia oscura fue llevado a cabo por la Comisión de Valores del gobierno (SEC), la instancia reguladora correspondiente, pero ello fue impedido por la acción de poderosos intereses.


Los dueños del capital ciertamente controlan el espectáculo

Como es sabido, Wall Street invierte enormes sumas de dinero para asegurar posicionarse en todas las ramas del gobierno, tanto en la burocracia y las agencias reguladoras como en el Congreso, el Poder Ejecutivo y demás funcionarios electos. El objetivo final es que la acción legislativa o que la inevitable regulación financiera resulten tan débiles como sea posible.

El centro real del poder y el centro de gravedad del sistema siempre han estado en manos de los grupos económicos y financieros, pero el altísimo grado de incidencia plutocrática en las elecciones (y de hecho de compra de voluntades) redunda en una cierta reducción del peso de las estructuras de los partidos en el régimen político.

En palabras de la senadora Elizabeth Warren (demócrata de Massachusetts y una de los actuales aspirantes a la nominación demócrata), “las grandes corporaciones contratan ejércitos de cabilderos para obtener multimillonarias evasiones de impuestos y persuadir a sus amigos en el Congreso para que apoyen las leyes que mantienen el estado de cosas en su favor”.

Cientistas políticos estadounidenses han mostrado que muchos de los miembros del Congreso son muy receptivos a las ideas y caprichos de los más acaudalados y ciertamente poco les interesa lo que los pobres y la gente trabajadora desean o piensan en términos de la gestión política.

El 4 de agosto de 2015, durante un programa nacional de radio de amplia audiencia, el ex presidente Jimmy Carter fue interrogado acerca de las decisiones de la Corte Suprema que permiten financiamiento ilimitado de las campañas electorales. Carter respondió que ahora Estados Unidos ya no es una democracia sino solo una oligarquía con capacidad ilimitada de soborno, lo cual es la esencia para obtener las nominaciones.

 Por otro lado el ex Senador demócrata James Abourezk fue citado señalando que algo de lo que más se avergonzaba es de lo que tuvo que hacer para recaudar fondos de campaña y de cómo los candidatos literalmente tenían que vender sus almas.

Como mencionábamos, en comparación con unas cuatro décadas atrás el costo de las campañas electorales ha venido aumentando en progresión geométrica. A la par con ello también ha aumentado el predominio plutocrático en el financiamiento de las mismas. El 80% de las contribuciones de las campañas electorales proviene de los más ricos, o sea, de una cuarta parte del 1% de los estadounidenses.  Por otro lado, las corporaciones sobrepasan por un margen de 10 a 1 los donativos de los sindicatos.

Para las elecciones de 2016 ya resultó escandaloso que dos tercios del dinero empleado en las campañas provino de “corporaciones fantasmas” y de grupos con fondos de oscura procedencia (dark money), es decir, entes políticos no lucrativos a los cuales no se les exige revelar qué corporaciones o individuos están detrás, los que pueden invertir cantidades ilimitadas de dinero bajo el cínico argumento de que se trata de un derecho de libre expresión.

Aspirar con fuerza por un curul senatorial puede requerir decenas de millones de dólares; la campaña presidencial puede montarse en centenares de millones, sin incluir lo que gastan los super PACs y otras entidades independientes.

Una provechosa inversión…

Se ha señalado que para aquellos quienes invierten en las elecciones se trata de una pura transacción comercial. Ellos esperan y reciben sustanciales beneficios financieros con las políticas promulgadas por aquellos que resulten electos.

Sobre esa base, la industria farmacéutica invierte en candidatos que prometen impedir que Medicare interfiera en la negociación del precios de los medicamentos, con lo cual aumentaría la carga de los contribuyentes aproximadamente unos $100 mil millones al año. Asimismo pretenden que se apliquen tasas impositivas más bajas sobre las ganancias del capital. De ese modo, por ejemplo, la General Electric, que obtuvo $14 mil millones de ganancias en 2010, no solo no pagaría impuesto federal sobre ingresos ese año, sino que pudo reclamar un crédito impositivo por $3 mil millones.

Como indicábamos, una de las causas de esta corrupción de la política ha sido el impresionante incremento en los costos de las campañas, no tanto como reflejo de la inflación, sino como resultado de la creciente sofisticación y altos costos de la tecnología empleada en las campañas y de los expertos correspondientes. La creciente utilización de la computación y de los medios de comunicación electrónicos han escalado asimismo los costos.

No tenemos los datos de este año, pero en 2016 las grandes sumas que se volcaron hacia el proceso político batieron todos los records. En marzo, apenas empezando las elecciones primarias, más de $245 millones de dólares de los llamados Super PAC habían sido invertidos en la campaña.

Aunque el dinero por sí solo no puede comprar o garantizar la nominación presidencial en alguno de los dos partidos del sistema, el gran despliegue de gruesas donaciones por parte de los super ricos, establece la oportunidad de corromper las decisiones del gobierno por parte de los que invirtieron en el candidato ganador. Y, como se sabe, esos potentados e intereses creados muchas veces invierten y se posicionan en ambos bandos de la elite.

Fernando M. García Bielsa

 



Elecciones en Estados Unidos: La influencia decisiva del dinero en la política.

18 de Fevereiro de 2020, 23:04, por La pupila insomne

Este es uno de los asuntos que muestra de lleno la falsedad de la democracia estadounidense, concepto por demás reducido al ejercicio de votar cada cuatro años para escoger entre dos candidatos avalados de antemano por las maquinarias de dos partidos favorecidos por el sistema político imperante.

Solo candidatos de esas entidades son capaces de sostener una campaña y proyectarse nacionalmente gracias a las grandes sumas de dinero que les aportan las corporaciones y los dueños de las grandes fortunas.

La carga financiera necesaria, tanto para los partidos como para los políticos que se lanzan a emprender una campaña electoral, ha crecido prodigiosamente. Se requieren grandes sumas de dinero para financiar la política y ello está distorsionando procesos democráticos vitales.

Un conjunto de factores y rasgos de tan complejo país explican su estabilidad bajo un claro control oligárquico, entre ellas debemos jerarquizar el acople existente entre los sistemas eleccionario, partidista y mediático, manipulados para garantizar resultados siempre favorables a los intereses imperiales y de negocios, y explotar, para ello, las múltiples contradicciones y recelos existentes en la sociedad.

A través de la historia, ha sido principalmente desde tras bambalinas que las clases acaudaladas de Estados Unidos han manipulado a los políticos y al gobierno como vía para expandir su riqueza e influencia. La presentación como aspirante a la candidatura demócrata de Michael Bloomberg, uno de los hombres más ricos del país ($53 mil millones de dólares) grafica el interés de algunos de esos potentados de entrar directamente en la gestión estatal, como ya lo hizo el actual presidente Donald Trump.

Ello haría posible, aunque improbable, que se les ofrezca a los votantes la alternativa de tener que escoger presidente entre dos multimillonarios, justo cuando el gran tema político y polarizador es la desigualdad económica y la excesiva concentración de la riqueza.

Lo anterior sería una anomalía. Lo habitual, lo escandaloso es que, ante el costo tan alto de las campañas y de toda la parafernalia necesaria, las clases ricas y las grandes empresas capitalistas tengan manos libres para financiar y promover a los candidatos de su preferencia. Apuestan a que el presidente electo u otros “servidores públicos” estarán también a sus servicios, es decir, al servicio de quienes en realidad detentan el poder.

La concentración del poder económico y la influencia política se refuerzan mutuamente y se perpetúan, especialmente en Estados Unidos donde los individuos más acaudalados y las corporaciones no tienen límites legales para invertir en las elecciones. Ello ha sido calificado por algunos como una “perversión financiera de la democracia”.

En ocasiones se intentó establecer límites contra lo que se consideraba influencia indebida o incontrolada de las contribuciones financieras.  Una de esas circunstancias fue después de 1974 como reacción a Watergate y los abusos de poder de Nixon, cuando se establecieron algunas regulaciones que luego han sido echadas por tierra. Un momento notorio para ello fue el indecoroso dictamen de la Corte Suprema en 2010 conocido como Citizens United (mayormente aceptado por demócratas y republicanos).

Esa decisión permite a las corporaciones y a los grandes comités de acción política (PAC) la entrega de ilimitados y anónimos fondos a las campañas electorales bajo el argumento de ser parte del derecho a la “libertad de expresión”. De manera que se logra un adecuado apoyo financiero corporativo obtenido sin la identificación de los donantes individuales, con lo que se evita que aparezca la relación entre el que aporta y el que recibe.

Esas entidades pueden además emplear fondos propios para propaganda, donde pueden abogar en pro o en contra de candidatos siempre que no lo hagan en coordinación con la campaña de los mismos.

Otro intento de concretar reglas respecto al dinero y donaciones de procedencia oscura fue llevado a cabo por la Comisión de Valores del gobierno (SEC), la instancia reguladora correspondiente, pero ello fue impedido por la acción de poderosos intereses.


Los dueños del capital ciertamente controlan el espectáculo

Como es sabido, Wall Street invierte enormes sumas de dinero para asegurar posicionarse en todas las ramas del gobierno, tanto en la burocracia y las agencias reguladoras como en el Congreso, el Poder Ejecutivo y demás funcionarios electos. El objetivo final es que la acción legislativa o que la inevitable regulación financiera resulten tan débiles como sea posible.

El centro real del poder y el centro de gravedad del sistema siempre han estado en manos de los grupos económicos y financieros, pero el altísimo grado de incidencia plutocrática en las elecciones (y de hecho de compra de voluntades) redunda en una cierta reducción del peso de las estructuras de los partidos en el régimen político.

En palabras de la senadora Elizabeth Warren (demócrata de Massachusetts y una de los actuales aspirantes a la nominación demócrata), “las grandes corporaciones contratan ejércitos de cabilderos para obtener multimillonarias evasiones de impuestos y persuadir a sus amigos en el Congreso para que apoyen las leyes que mantienen el estado de cosas en su favor”.

Cientistas políticos estadounidenses han mostrado que muchos de los miembros del Congreso son muy receptivos a las ideas y caprichos de los más acaudalados y ciertamente poco les interesa lo que los pobres y la gente trabajadora desean o piensan en términos de la gestión política.

El 4 de agosto de 2015, durante un programa nacional de radio de amplia audiencia, el ex presidente Jimmy Carter fue interrogado acerca de las decisiones de la Corte Suprema que permiten financiamiento ilimitado de las campañas electorales. Carter respondió que ahora Estados Unidos ya no es una democracia sino solo una oligarquía con capacidad ilimitada de soborno, lo cual es la esencia para obtener las nominaciones.

 Por otro lado el ex Senador demócrata James Abourezk fue citado señalando que algo de lo que más se avergonzaba es de lo que tuvo que hacer para recaudar fondos de campaña y de cómo los candidatos literalmente tenían que vender sus almas.

Como mencionábamos, en comparación con unas cuatro décadas atrás el costo de las campañas electorales ha venido aumentando en progresión geométrica. A la par con ello también ha aumentado el predominio plutocrático en el financiamiento de las mismas. El 80% de las contribuciones de las campañas electorales proviene de los más ricos, o sea, de una cuarta parte del 1% de los estadounidenses.  Por otro lado, las corporaciones sobrepasan por un margen de 10 a 1 los donativos de los sindicatos.

Para las elecciones de 2016 ya resultó escandaloso que dos tercios del dinero empleado en las campañas provino de “corporaciones fantasmas” y de grupos con fondos de oscura procedencia (dark money), es decir, entes políticos no lucrativos a los cuales no se les exige revelar qué corporaciones o individuos están detrás, los que pueden invertir cantidades ilimitadas de dinero bajo el cínico argumento de que se trata de un derecho de libre expresión.

Aspirar con fuerza por un curul senatorial puede requerir decenas de millones de dólares; la campaña presidencial puede montarse en centenares de millones, sin incluir lo que gastan los super PACs y otras entidades independientes.

Una provechosa inversión…

Se ha señalado que para aquellos quienes invierten en las elecciones se trata de una pura transacción comercial. Ellos esperan y reciben sustanciales beneficios financieros con las políticas promulgadas por aquellos que resulten electos.

Sobre esa base, la industria farmacéutica invierte en candidatos que prometen impedir que Medicare interfiera en la negociación del precios de los medicamentos, con lo cual aumentaría la carga de los contribuyentes aproximadamente unos $100 mil millones al año. Asimismo pretenden que se apliquen tasas impositivas más bajas sobre las ganancias del capital. De ese modo, por ejemplo, la General Electric, que obtuvo $14 mil millones de ganancias en 2010, no solo no pagaría impuesto federal sobre ingresos ese año, sino que pudo reclamar un crédito impositivo por $3 mil millones.

Como indicábamos, una de las causas de esta corrupción de la política ha sido el impresionante incremento en los costos de las campañas, no tanto como reflejo de la inflación, sino como resultado de la creciente sofisticación y altos costos de la tecnología empleada en las campañas y de los expertos correspondientes. La creciente utilización de la computación y de los medios de comunicación electrónicos han escalado asimismo los costos.

No tenemos los datos de este año, pero en 2016 las grandes sumas que se volcaron hacia el proceso político batieron todos los records. En marzo, apenas empezando las elecciones primarias, más de $245 millones de dólares de los llamados Super PAC habían sido invertidos en la campaña.

Aunque el dinero por sí solo no puede comprar o garantizar la nominación presidencial en alguno de los dos partidos del sistema, el gran despliegue de gruesas donaciones por parte de los super ricos, establece la oportunidad de corromper las decisiones del gobierno por parte de los que invirtieron en el candidato ganador. Y, como se sabe, esos potentados e intereses creados muchas veces invierten y se posicionan en ambos bandos de la elite.

Fernando M. García Bielsa