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La pupila insomne

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La pupila insomne

3 de Abril de 2011, 21:00 , por Desconhecido - | No one following this article yet.
Licenciado sob CC (by)

EE.UU. La cara interna y respresiva del desenfreno militarista. Por Fernando García Bielsa

26 de Setembro de 2020, 8:47, por La pupila insomne

El militarismo permea buena parte de la sociedad estadounidense bajo el influjo acumulado de su permanente despliegue bélico por todo el planeta.

El tema de la militarización y de los recursos asignados a los servicios policiacos en Estados Unidos ha recibido alguna mayor atención en el marco de las protestas contra la brutalidad racista de la que hacen gala muchos de esos cuerpos supuestamente destinados a garantizar la seguridad ciudadana.

Al alcanzar prominencia esos temas, se denuncia también el escandaloso aumento de las asignaciones destinadas a financiar lo que constituye una especie de complejo represivo doméstico, el sofisticado aparataje de control fronterizo, el abusivo sistema de justicia criminal, así como el aumento de los recursos y la privatización del sistema de prisiones.

El brutal asesinato de George Floyd a fines de mayo de 2020 en Minneapolis no es sino un momento dramático de una secuencia de asesinatos similares de ciudadanos afroamericanos a manos de la policía acaecidos de manera repetida durante años.

Un asesinato similar, ocurrido en el estado de Missouri en 2015, y bajo la presidencia de Obama, dio origen a un nuevo movimiento nacional conocido como Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) que logró el apoyo no solo de las poblaciones negras sino de las agrupaciones progresistas del país y, posteriormente, de algunos sectores políticos liberales.

El grado de impunidad de los perpetradores de esos hechos resulta escandaloso y alimenta la rabia de amplias capas sociales.

La cólera acumulada por años, y la brutalidad ejercida contra Floyd ampliamente visualizada en las redes sociales, ha hecho de estas las más nutridas e impactantes manifestaciones populares efectuadas en Estados Unidos en varios decenios. En ellas hay una participación de jóvenes y personas blancas más allá de la acostumbrada, junto a estadounidenses de muy diferentes orígenes étnicos. Motivaciones éticas, humanistas y solidarias están presentes en esas manifestaciones que han tenido lugar en unos 2 500 ciudades y poblados del país

La cara doméstica de la “guerra al terrorismo”

El uso de la “guerra al terrorismo” con una definición amplia e imprecisa a partir de septiembre de 2001 serviría como justificación adicional del racismo contra negros, musulmanes y latinos. En ese marco se ha redefinido la represión de inmigrantes, y ha llevado indirectamente a la militarización de la frontera con México y de los departamentos locales de policía de todo el país. Estos han sido reforzados con equipos excedentes de las guerras de Iraq y Afganistán, incluyendo tanques y aviones no tripulados.

Según informe del Black Agenda Report, centro de análisis y divulgación con vínculos en las comunidades negras, ha habido un enorme incremento de esas asignaciones, particularmente durante la Administración Obama, que en 2014 llegó a alcanzar $787 millones en armamento bélico para los departamentos de policía locales. El programa 1033 del Pentágono para el suministro de “equipos militares excedentes” desde 1997 ha canalizado armamentos (incluyendo aviones artillados, vehículos blindados y lanza granadas) por el valor de unos $7,400 millones a unas ocho mil agencias locales de aplicación de la ley.

En la mayoría de los estados, en muchas de sus municipalidades, los fondos dedicados a costear las funciones y servicios policiacos consumen más de un tercio de los presupuestos locales, y dejan poco margen para otras prioridades, programas y servicios sociales. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, el financiamiento de los gastos y las operaciones del departamento de policía cuesta unos $10 mil millones al año; es decir más de lo asignado por el gobierno federal al Centro de Control y prevención de Enfermedades (CDC). A nivel nacional bastante más de $ 100,000 millones se destinan a los servicios policiacos.

Se ha demostrado que la mera posesión de equipos de naturaleza militar ha fomentado en muchos de esos agentes una especie de “cultura bélica” como la que ahora caracteriza a departamentos de policía en muchas ciudades del país los cuales recurren con prontitud y repetidamente a la violencia. En ellas se han conformado unidades especializadas en el uso de Tácticas y Armas Especiales (SWAT), y despliegan sus actividades de rutina con armamento militar supuestamente para acciones antidrogas.

Esa militarización se evidencia también en el tipo de entrenamiento que tales agentes reciben (muchas veces a través de empresas privadas de seguridad), generador de una mentalidad guerrera mediante la cual se llega a percibir a parte del pueblo como el enemigo, generalmente aquellos de los sectores marginales o de las llamadas “minorías de color”.

Esas agencias con funciones asignadas para proveer orden y protección, en la medida que han sido militarizadas, son percibidas y actúan como fuerzas de ocupación en esas comunidades. Sin embargo, actúan como guardianes de la propiedad en las barriadas blancas de clase media.

Un abusivo y vergonzoso sistema de justicia criminal

Existe un sistema de justicia criminal, abrumadoramente integrado por hombres de raza blanca, de marcada parcialidad y duplicidad según consideraciones clasistas y racistas: uno que se aplica a los ciudadanos negros y otro para blancos. Estudios han demostrado la tendencia entre los jueces federales a rechazar, en muy alta proporción y sin más, los casos de discriminación racial puestos a su consideración.

El resultado se manifiesta en las disparidades discriminatorias que atraviesan todos los aspectos de la jurisprudencia estadounidense. En esa institucionalidad inherentemente racista los tribunales desempeñan una función represiva de primera línea. ¿Qué significa pretender ser una nación de derechos cuando la ley es aplicada de manera injusta y desigual?

De ahí la distinción racista que se evidencia en el sistema de prisiones, en todo el sistema judicial corrupto y en el encarcelamiento masivo de ciudadanos negros. Estos constituyen el 40% de la población carcelaria, cuando los afroamericanos son el 13% de los estadounidenses. Unos dos millones y medio de personas permanecen en las cárceles; un aumento de casi un 700% desde 1972, bajo el impulso de la llamada guerra contra la drogas dirigida de manera desproporcionada contra las comunidades de población no-blanca.

Uno de cada cinco reos en el mundo está en una prisión de EE.UU. (según el Pew Research Center on the States). Más de la mitad encarcelados sin haber sido declarados culpable. Por otra parte, más de 7 millones –uno de cada 33 estadunidenses– están bajo supervisión judicial (presos, con libertad condicional, o en un proceso judicial). El costo anual de administrar el sistema penitenciario es aproximadamente de $120 mil millones.

Un factor muy influyente ha sido la multiplicación de prisiones privadas: empresas guiadas por el afán de ganancias, siempre necesitadas de más fuerza de trabajo a la cual explotar. En Estados Unidos el encarcelamiento es un gran negocio.

El ahora analista político y ex subsecretario de Tesoro durante el gobierno de Reagan, Paul Craig Roberts, señala que tales tasas de encarcelamiento se deben a que “el sistema de justicia en EE.UU. es corrupto y en buena medida indiferente respecto a si el acusado es culpable o inocente, lo cual es un problema peor o va más allá del racismo vigente”. Más del 95% de las acusaciones por delitos graves se resuelven mediante negociación (plea bargain), muchas veces bajo coerción a inocentes, sin presentar o poner a prueba la evidencia.

Es un procedimiento de abuso de poder del sistema judicial estadounidense el cual encuentra méritos en forzar a las personas a declararse culpables por delitos que no han cometido con vistas a evitar los gastos de un prolongado juicio y evitarle a amigos y familiares potenciales adeudos y obligaciones financieras.

La militarización de la frontera con México

En los últimos años se ha incrementado sustancialmente la militarización de la frontera entre Estados Unidos y México, tema que también está en el tapete debido al debate en torno al muro fronterizo y la aplicación de medidas anti inmigrantes y de deportaciones del gobierno de Trump. Acciones similares han sido también aplicadas por la administración Obama y sus antecesores, pues en realidad es una política de larga data y bipartidista, aunque de doble rasero dada la necesidad que tiene el país de mano de obra barata y para asumir tareas de segunda categoría.

Estados Unidos ya gasta más dinero para la aplicación de sus medidas migratorias y en la represión fronteriza que el destinado de conjunto para el resto de los demás programas federales de aplicación de la ley. Es uno de los sistemas de vigilancia más militarizados del mundo, integrado por miles de sensores, cámaras de visión nocturna, detectores de movimiento, vigilado por helicópteros y aviones teledirigidos y patrullado por un número récord de 21.000 agentes. Beneficiarios de esa militarización son las grandes productoras de armas y empresas proveedoras de seguridad que, con su gran ascendiente en Washington, impulsan esa política represiva, y obstaculizan otras posibles soluciones al problema migratorio.

ICE (agencia de Aplicación de la leyes de Inmigración y Aduanas) se sostiene con unos $24 mil millones cada año, y es, junto a la Patrulla Fronteriza, una parte del sistema de control migratorio y de las horrendas prácticas de separación de las familias, represión a los migrantes y violaciones de derechos humanos que se aplican. En los últimos 25 años, el cruce a través de la frontera de 3.240 kilómetros entre México y Estados Unidos se ha cobrado la vida de unos 11.500 inmigrantes.

Desde hace décadas ha existido una clara intención de criminalizar al migrante indocumentado. La verborrea insultante de Trump contra los mexicanos ha alimentado en los últimos tiempos las actitudes xenofóbicas de quienes buscan un chivo expiatorio para males que afectan a la sociedad. A ello se suman intereses creados en lo que es un negocio lucrativo. Hay cerca de 250 centros de detención (sean cárceles del condado o centros de mayores dimensiones que gestionan empresas privadas), los cuales actúan con escasa supervisión federal y donde los migrantes son enviados antes de la deportación.

Se ha generado toda una industria en torno a la detención y deportación de inmigrantes, Las compañías carcelarias privadas cobran una media de entre los $122 y los $164 dólares por cada noche que los migrantes pasan detenidos; por tanto sus ingresos dependen directamente del número de presos y de una mayor permanencia de estos en sus dependencias. Son parte de un entramado de seguridad nacional. Se destacan por sus conexiones políticas y sus donativos electorales para favorecer legislaciones estatales restrictivas de la inmigración o la aplicación de medidas que faciliten la detención y deportación de migrantes.

Esas empresas privadas reciben contratos del gobierno por el diseño, construcción, ampliación y gestión de prisiones y cárceles de detención. Otras por brindar servicios de transporte de presos u otros en nombre de la Oficina Federal de Prisiones, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos.

Mucha de la militarización fronteriza se mezcla o se escuda en las políticas antinarcóticos y la lucha contra el crimen organizado que refuerzan la militarización de la zona y la presencia a ambos lados de la frontera de agentes de la DEA (Agencia de Control antidrogas), agentes de la CIA y de empresas contratistas privadas de seguridad con personal retirado del Pentágono y otros. Un puesto de vigilancia de este tipo al sur de la frontera con México era caracterizado hace unos años como basado en el modelo de los centros de inteligencia que Estados Unidos operaba en Iraq y Afganistán.

La Gallina de los Huevos de Oro: El Gasto Militar siempre Creciente.

Existe un entramado político y socioeconómico interno que nutre y garantiza el permanente crecimiento del gasto militar como uno de los fundamentos de reciclaje del sistema, como elemento contra cíclico y fuente de inmensas ganancias para sus más poderosas corporaciones, con fuerte impacto en los bolsillos y en las mentes de millones de estadounidenses.

De ahí se deriva un importante factor para que políticos de ambos partidos, apoyen estrategias agresivas y defiendan a capa y espada los proyectos y contratos que benefician a sus distritos. Para viabilizar el contubernio, jerarcas de la industria son traídos como directivos en el Pentágono, y viceversa, militares de alto rango son integrados a los directorios de las corporaciones del sector.

Las compañías del Complejo Militar Industrial obtienen ganancias por miles de millones de dólares cada año a partir de generosos contratos con el Pentágono y otras agencias para el desarrollo y producción de armas e implementos bélicos y represivos, así con la venta de armas al exterior.

El total de gastos para fines militares y de seguridad estarían alcanzando cada año más de un millón y medio de millones de dólares, representan casi un 60% del presupuesto anual del país y son de hecho la principal causa del déficit federal.

La parte de ese presupuesto más mencionada es la asignada al Pentágono (contratos para la producción de armas y sostenimiento de las FF.AA., entre otros) – que sobrepasa los $730 mil millones, cada año; equivalentes a casi el 40% de los gastos militares del planeta. Estados Unidos es también el mayor vendedor internacional de armas. Durante la década de 2001-2010, las ganancias de la industria militar casi se cuadruplicaron.

Son reiteradas las informaciones acerca de la falta de control, el libertinaje y la corrupción respecto al manejo de los enormes presupuestos militares, en particular del sistema de adquisiciones y contratos del Pentágono. Parte de ello tiene que ver con el contagio especulativo existente, con Wall Street y sus presiones sobre los ejecutivos para adoptar decisiones diseñadas para impresionar (y sacar ventajas de corto plazo) en los mercados financieros.

Por otro lado, al reportar el total de gastos bélicos del país generalmente se dejan de tomar en cuenta enormes partidas para fines militares adscritos a los presupuestos de otros ministerios y entidades. El Dpto. de Energía paga por las armas nucleares, al Dpto. de Estado se asigna buena parte del costo de los mercenarios y la asistencia militar al exterior; los gastos por las bases militares están manipulados u ocultos en los presupuestos de varios departamentos, mientras que otras dependencias asumen el costoso Programa Espacial o los $243 000 millones de la Administración de Veteranos (costos de pasadas guerras).

Ha habido un aumento brutal de los fondos asignados a las instituciones que forman parte del estado de seguridad nacional estadounidense, como son los $92 000 millones para financiar el Departamento de Seguridad de la Patria (DHS) y los otros asignados al FBI y la agencia antidrogas, entre otros.

Como mencionamos antes el servicio de inmigración y aduanas (ICE) tiene un presupuesto anual de unos $24 000 millones. Dentro del sistema de justicia criminal, solo el costo anual de administrar el sistema penitenciario es aproximadamente de $120 mil millones. Según cálculos modestos más de $ 100,000 millones se destinan a los servicios policiacos.

Algunos expertos señalan que, entrelazado con el Complejo Militar Industrial y con la maquinaria bélica, existe un “entramado permanente militar-industrial de vigilancia y control doméstico” de cuyas maquinaciones y acciones son vulnerables amplios sectores de la población estadounidense.



Estados Unidos: Polarización y ambiente represivo. Por Fernando M. García. Bielsa

25 de Setembro de 2020, 0:34, por La pupila insomne

Los recientes hechos de brutalidad y asesinatos racistas por parte de la policía en numerosas ciudades de Estados Unidos no son un fenómeno reciente. Son sucesos de larga tradición, que se derivan desde los tiempos de la esclavitud y que, como ahora, se desarrollan a la par con la violencia de grupos paramilitares y supremacistas blancos.

La proyección bélica del país y de haber llegado al punto de estar involucrados de forma permanente en una serie de guerras en varios confines, han permeado la psiquis de miles de personas y se refleja en una creciente militarización a nivel doméstico. Además de la brutalidad policiaca se expresa claramente en la proliferación de grupos violentos, así como en instancias de gobierno tales como el sistema de prisiones, la militarización de la frontera con México y la violencia contra los inmigrantes.

Además de la tradición violenta y racista con que se conformó la nación estadounidense y del impacto del militarismo imperial, se suman las fracturas sociales, la polarización y las desigualdades crecientes de las cuales da muestra esa sociedad en las últimas décadas. Son decenas y decenas de millones de personas insertas en un círculo vicioso de segregación residencial en barriadas inseguras y carentes de servicios básicos.

Veamos algunos antecedentes

La cuestión racial y el racismo contra la población negra han sido un factor primordial en la conformación de la cultura y la política estadounidense desde la época colonial y la formación de la república hasta el presente. En torno a ellos gira mucha de la política nacional. La ubicación histórica y actual de los afronorteamericanos es – en muchos aspectos – central en las problemáticas del país.

A su vez, los movimientos políticos y el activismo de la población negra han estado históricamente en las primeras líneas de las luchas por los cambios progresistas en Estados Unidos, un país inmenso y diverso, donde los movimientos de clases y otros han sido cooptados o fragmentados. En ello influyen razones históricas, inmensos obstáculos institucionales, así como las dimensiones del país, las tensiones derivadas del carácter multiétnico de su población, y la creciente debilidad del movimiento obrero.

A finales de los sesenta y en el decenio de 1970 las llamadas “comunidades de color” comenzaron a comprender que la sociedad tal como existía nunca abordaría sus necesidades, según se las planteaban y sentían. Fue en ese periodo cuando explorar su herencia cultural y construir sus propias instituciones adquirió su mayor fuerza. La consigna de Black Power había electrizado las comunidades negras a lo largo del país.

Entonces comenzó una dramática transformación de la autoimagen del negro, en el marco de uno de los más efectivos movimientos sociales hasta la fecha en el país, de orgullo racial, conciencia colectiva y solidaridad comunitaria, con enorme repercusión en el conjunto de la sociedad.

Luego del impacto de las grandes luchas y movilizaciones del movimiento negro pro derechos civiles, se hizo evidente para sectores de poder que la fuerza de tales movimientos se potenciaba dados los graves problemas sociales en esas comunidades. Es por ello que, ya desde los años ‘60s, se habían venido extendiendo toda una serie de programas de gobierno y proyectos de asistencia para el “desarrollo” de zonas marginales y de las comunidades negras.

Entre las derivaciones de tales programas estuvo el fortalecimiento de grupos reformistas y de anhelos economicistas, así como contribuyó a largo plazo a la formación de toda una capa de profesionales y políticos afroamericanos y latinos con posibilidades de acceso, de presencia pública y de supuesta representatividad de los anhelos de las llamadas minorías étnicas.

La burguesía negra, incluyendo la que se desarrolló durante el gobierno de Obama, ha continuado enarbolando falsas promesas de inclusión. Salvo en el contexto coyuntural reciente en reacción a la oleada de asesinatos y violencia policial, el activismo político organizado de los afronorteamericanos llega a esta etapa luego de un largo período de reflujo.

Las agrupaciones negras han permanecido atomizadas, carentes de coordinación, enfocadas en preocupaciones económicas y sociales inmediatas y cuyas energías devienen difusas, marcadas por las necesidades y urgencias de vida de sus bases sociales, divisiones internas y la polarización social en sus comunidades. Las manipulaciones externas de todo tipo hacen el resto.

La apariencia de una mayor influencia política de la población negra dado el acceso de unos pocos de los suyos a posiciones de cierta visibilidad ha sido engañosa. A pesar de ciertos avances en participación y representación, a los negros le continúa yendo peor que a los blancos el convertir en leyes sus preferencias políticas e intereses.

Se hacía sentir el incremento de la diversidad clasista que ha tenido lugar dentro de esas ‘comunidades’ y el nefasto papel desempeñado por el Partido Demócrata al presentarse como adalid de los sectores desfavorecidos cuando en realidad está sometido a los intereses de la elite financiera del país.

Una sociedad polarizada y contenciosa

Estados Unidos muestra un número creciente de muy profundas divisiones sociales. El racismo y la peligrosa ideología de supremacía blanca es un serio obstáculo para la cohesión social, y en ocasiones es conducente y está en la raíz de serios estallidos de violencia. Según advierten algunos, la evolución demográfica apunta a que la nación no será sostenible a largo plazo si no se corrigen las marcadas desigualdades entre los sectores poblacionales de diversos orígenes étnicos.

El analista Tim Wise expresó (en sitio digital Truthout, 2 marzo 2012) que, dentro de 25 o 30 años cuando las personas no-blancas serán la mitad de la población y mayoría en varios estados, no será sostenible para el país mantener a esa población como ahora, con tres veces mayor probabilidad de estar en la pobreza que los blancos, el doble de estar desempleados, con varias veces menos bienes e ingresos respecto a la otra mitad de la ciudadanía, y con nueve años menos de esperanza de vida.

De espaldas a esa realidad prevalecen concepciones represivas no solo alimentadas por desbordadas mentalidades militaristas o por temores de ingobernabilidad, sino que están respaldadas por cálculos de generación de ganancias derivados de las llamadas guerras contra las drogas, del encarcelamiento masivo en prisiones privadas, de la subcontratación de agencias privadas de “seguridad”, y de la represión institucionalizada contra los inmigrantes y las poblaciones marginales.

El foco de la actividad de los órganos represivos del Estado va dirigido contra las agrupaciones negras y organizaciones progresistas lo cual ha llevado a conculcar las libertades civiles, criminalizar a los movimientos sociales, a incrementar la vigilancia y la infiltración de las instituciones y comunidades negras, latinas y musulmanas pobres, incluyendo el despliegue de policías encubiertos, informantes e intimidación en los hogares y espacios públicos.

Las comunidades musulmanas en el país enfrentan un ambiente de intolerancia y hostilidad creciente a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las fuerzas policiales locales y estatales recopilan información y espían a ciudadanos musulmanes cumplidores de la ley. Devienen blancos de la violencia como una extensión a nuestros días del racismo y la xenofobia, prácticamente se les demanda la sumisión y el cuasi abandono de sus expresiones culturales e identitarias.

Hasta el momento la cólera y la desesperación han reemplazado la fuerza y el impulso organizativo de la era pro derechos civiles.

Atrapados en casi inamovibles estructuras racistas.


La sociedad estadounidense está profundamente fracturada en lo político y a través de intereses clasistas, regionales, económicos, étnicos, religiosos y culturales. El tema racial se entrecruza con las diferencias y la opresión de clases, y habitualmente es instrumentalizado con fines políticos. Los niveles de violencia resurgen; las disparidades son enormes. Hay bolsones de población donde se vive en constante paranoia.

Aun después de las grandes rebeliones contra el racismo y de los éxitos de DEL movimiento pro derechos civiles a mediados del pasado siglo, incluyendo el desmantelamiento parcial de muchas de las estructuras legales en que se apoyaba la segregación, la desigualdad racial se mantiene como un hecho palpable. El abismo racial se amplia y no ha sido alterado con los cambios de gobiernos.

El prejuicio racial en Estados Unidos repercute negativa y fuertemente en las vidas de los afronorteamericanos. Se expresa en formas de discriminación en todos sus ámbitos y condiciones de existencia: segmentos de población atrapados en un círculo vicioso de segregación residencial, inferiores oportunidades de educación o de servicios de salud, marginalidad, crecientes tasas de encarcelamiento, y discriminación en los empleos. Los trabajadores negros reciben un 22% menos que los blancos en sus salarios, con sus mismos niveles de educación y experiencia. El ingreso promedio de los núcleos familiares afroamericanos es poco más de la mitad del ingreso promedio de los núcleos de familias blancas.

En la mayoría de las ciudades y zonas urbanas del país existen áreas separadas donde reside la población negra, reflejo de la segregación racial histórica con que se conformó el país y de las políticas creadas en el pasado para mantener a las personas negras fuera de ciertas barriadas. Muchas de esas barriadas tienen altos niveles de pobreza y a su vez enfrentan una intensa y no deseada presencia policiaca.

En tal atmósfera y debido a tan arraigados prejuicios, cualquier actividad por muy inocente que fuere, en la cual se involucre un hombre negro, genera sospechas, alarma y a menudo pone en peligro la vida del mismo. Consideremos además que la tasa de ciudadanos negros en prisión supera en cinco veces la de los blancos. A pesar de ser solo el 13% de la población ellos constituyen el 40% del total de hombres encarcelados.

Vecindarios altamente pacíficos conviven con otros en donde la muerte violenta asola a sus habitantes, por lo regular pobres. Comunidades enteras de población negra, de latinos, musulmanes o asiáticos que sienten sus comunidades bajo creciente ocupación policiaca.

La sociedad estadounidense no ha sido capaz de atender a las causas profundas de la indignación y la cólera que consume a millones y que están detrás de las poderosas manifestaciones recientes contra la represión y el racismo. Ni los políticos ni las instituciones públicas han establecido programas de gobierno efectivos para atenuar al menos esas gruesas desigualdades, en definitiva producidas por el sistema capitalista imperante.

Por otra parte, lo que esa sociedad si ha generado con bastante efectividad es la división y la cooptación de muchas de las luchas y esfuerzos organizativos que se desarrollaban en esas comunidades.

La reemergencia de un “nuevo Jim Crow”, es decir, de un clima de segregación brutal, basada en el encarcelamiento masivo y los repetidos asesinatos policiacos de hombres negros desarmados, muestra que los viejos sistemas de control represivo se han incrementado en el presente, manteniendo siempre la línea divisoria del color de la piel.

Por contraste, los grupos blancos de odio, nacionalistas y racistas, así como sus ramas armadas paramilitares, proliferan y realizan acciones violentas, muchas veces son pasados por alto o incluso se desenvuelven en contubernio con autoridades en ciertas regiones. Muchas de las palabras y acciones del presidente Trump han parecido incentivar a tales agrupaciones.

Toda esa retórica demagógica, que llega a tener tintes fascistas y es un espejo de las políticas bélicas del país, anima a sectores desesperados a organizarse en milicias para librar cruzadas de diverso tipo. Es un ambiente propicio cuando más de 300 millones de armas de fuego, muchas de alto calibre, están en manos de la población, cuando una parte de los cientos de miles de veteranos de guerra conviven con sus frustraciones, rencores y traumas de sus experiencias bélicas.

En ese marco, en todo el país, actúan cientos y cientos de milicias derechistas armadas cuya ideología y motivaciones son una combinación de paranoia, temor y reclamo agresivo de sus derechos de portar armas de fuego, receptibilidad hacia elaboradas teorías conspirativas y actitudes de cólera antigubernamental extrema. Muchos denuncian que el gobierno del país ha sido subvertido por conspiradores y ha devenido ilegítimo, y por tanto se ven como patriotas al organizarse paramilitarmente, al confrontar a las autoridades y fomentar la guerra racial.

Un futuro urbano [y nacional] de creciente complejidad

Muchas autoridades, de consuno con los medios de difusión, siguieron criminalizando las protestas y a las agrupaciones progresistas, y llegan a tipificar acciones menores como crímenes violentos y hasta “terrorismo”.

Enarbolando supuestos intereses de ‘seguridad’, bajo la administración de Barack Obama (2009-2017) se inició el llamado programa para Contrarrestar el Extremismo Violento (CVE) que, de manera abierta, asemeja la represión contra los grupos radicales y del programa COINTELPRO de las décadas de 1960 y 1970, y que se sumó a las acciones desplegadas luego de la aprobación de la Ley Patriota en octubre 2001 y otras acciones.

En base a secciones de esa ley, agencias federales pueden incursionar más y más en ámbitos de la vida civil y personal. El FBI, por ejemplo, puede exigir información como registros telefónicos y en las computadoras, historial de las operaciones de créditos y bancarias, etc., sin requerir aprobación judicial y sin estar sometidos a controles acerca del uso que los federales le dan a esa información personal.

Frecuentemente se producen abusos y se trasgreden las leyes. Tal es el caso cuando se presta atención a controvertidas secciones de Foreign Intelligence Surveillance Act, de 1978, las cuales permiten conducir espionaje masivo sobre los estadounidenses que se comunican con el exterior. Recientemente la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha admitido haber coleccionado de forma impropia varios cientos de millones de llamadas telefónicas de ciudadanos estadounidenses.

Según William Robinson, especialista en estos temas, en su artículo Estado Policiaco Global de enero 2018, en la medida que la guerra y la represión estatal se privatizan, los intereses de una amplia gama de grupos capitalistas convergen alrededor de un clima político, social, e ideológico conductivo a la generación y el mantenimiento de los conflictos sociales.

Desde hace algún tiempo ha habido indicios de que el gobierno estaba previendo la posible ocurrencia de problemas y disturbios civiles serios.

Un video intitulado “El futuro urbano y su emergente complejidad”, creado por el Ejército estadounidense para ser utilizado en el entrenamiento de las fuerzas especiales, es revelador de la mentalidad y actitud en las entidades estatales respecto a la ciudadanía y a los llamados “problemas” ante los cuales el gobierno debe estar preparado para enfrentar a través del uso de la ley marcial.

Ya en 2008, un informe del Colegio de Defensa del Ejército expresaba que ante la posibilidad de una ola de violencia civil extendida dentro del país el establishment militar tenía previsto “reorientar sus prioridades en condiciones de exención para defender el orden doméstico y la seguridad de las personas”.

En sus 44 páginas el informe alertaba acerca de las causas potenciales de tales problemas que podrían incluir ataques terroristas, un colapso económico imprevisto, la pérdida del funcionamiento del orden legal y político, acciones de insurgencia doméstica intencionadas, emergencias de salud y otras. También se menciona la eventualidad de una situación de clamor generalizado de la ciudadanía que desate situaciones de peligro y que harían necesarios poderes adicionales para restablecer el orden.

En los últimos lustros el Estado estadounidense ha expandido radicalmente sus capacidades punitivas y de vigilancia. Para limitar las protestas, controlar la disidencia y la oposición popular, como parte del conocido accionar del FBI y los cuerpos locales de policía en anteriores decenios, el sistema utilizó métodos administrativos y legislativos, el espionaje y la infiltración encubierta, acciones de descrédito, arrestos “preventivos” masivos, ataques policiales incluso contra protestas pacíficas autorizadas, etcétera.

El presupuesto del FBI para financiar agentes encubiertos, buena parte de ellos dentro de organizaciones progresistas, subió de un millón de dólares en 1977 a varias decenas de millones hoy día.



ONU 75: cooperación o apocalipsis. Por Ángel Guerra Cabrera

24 de Setembro de 2020, 9:21, por La pupila insomne

Esta semana se desarrolla la asamblea general de la ONU dedicada a conmemorar el 75 aniversario de la organización. Entre los temas a debate, los desafíos multifacéticos de la pandemia, la pospandemia y gravísimas amenazas como el colapso climático o la carrera nuclear. Por eso menciono en el título de este trabajo, con plena deliberación, el apocalipsis; según el diccionario de la RAE “situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos que evoca la imagen de la destrucción total”. Aquí me refiero a agentes humanos, pues su enrolamiento forzado en el sistema capitalista ha hecho a nuestra especie causante y víctima, a la vez, de las pandemias, del colapso climático y de la carrera nuclear, fenómenos que la empujan a su desaparición de la faz de la Tierra. Aunque ese trágico desenlace podría evitarse si avanzáramos a una radical transformación social que ponga freno al derroche capitalista y estimule la construcción de un mundo solidario y fraterno. Se trata del acto más democrático posible: hacer que prevalezca el derecho a la vida de la inmensa mayoría del género humano sobre el ilegítimo afán de lucro de una cada vez más exigua elite de magnates financieros.

En esta asamblea no han faltado palabras lúcidas de algunos de los líderes mundiales, comenzando por las iniciales del portugués Antonio Guterres secretario general de la ONU, verdaderamente acertadas: “Veinticinco años después de la Plataforma de Acción de Beijing, la desigualdad de género sigue siendo el mayor desafío individual a los derechos humanos en todo el mundo. Se avecina una catástrofe climática. La biodiversidad se derrumba”. Añadió el peligro que entrañan las armas nucleares, así como las amenazas que crean las nuevas tecnologías y las fragilidades que ha expuesto la pandemia. Solo podemos enfrentarlas juntos, dijo, y puso el dedo en la llaga: Hoy en día tenemos un superávit de desafíos multilaterales y un déficit de soluciones multilaterales. Guterres volvió a pedir que callen las armas.

No podían faltar discursos totalmente contrarios a los del secretario general, como los de Trump(America First) y sus títeres Bolsonaro, Duque(conocido como el mentiroso), Piñera, Moreno y sus homólogos, exponentes de la decadente derecha latinoamericana por no hablar de los deprimentes líderes de la Unión Europea.

Contienen contribuciones muy importantes al logro de la paz, la cooperación, el multilateralismo y la solidaridad internacional los mensajes de Putin, Xi Jinngping y el iraní Hasán Rohaní. Ahora bien, de todos los que leí, que no fueron pocos, el que me pareció más completo e integral fue el del presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel, porque sintetiza, además, muchas de las mejores ideas expuestas allí:

“Tanto como la solución a la pandemia urge ya la democratización de esta indispensable organización, para que responda de manera efectiva a las necesidades y aspiraciones de todos los pueblos. El anhelado derecho de la humanidad a vivir en paz y seguridad, con justicia y libertad, base de la unión de las naciones es contantemente amenazado. Más de 1.9 billones de dólares se dilapidan hoy en una insensata carrera armamentista sustentada en la política agresiva y guerrerista del imperialismo, cuyo máximo exponente es el actual gobierno de Estados Unidos, responsable del gasto militar global. Hablamos de un régimen marcadamente agresivo y moralmente corrupto, que desprecia y ataca el multilateralismo, emplea el chantaje financiero en su relación con las agencias del sistema de Naciones Unidas y con una prepotencia nunca antes vista se retira de la Organización Mundial de la Salud, de la UNESCO y del Consejo de Derechos Humanos. Hoy somos dolorosos testigos del desastre a que ha conducido al mundo el sistema irracional e insostenible de producción y consumo del capitalismo, décadas de un injusto orden internacional y de aplicación de un crudo y desenfrenado neoliberalismo, que ha agravado las desigualdades y sacrificado el derecho de los pueblos al desarrollo”.

Díaz-Canel se refirió también a la asfixia financiera impuesto por Estados Unidos a Cuba, que no descansa, además, en el empeño de que a la isla no llegue un solo barril de combustible. Situación muy parecida a la venezolana, expuesta por el presidente Nicolás Maduro, quien recibió la solidaridad de su par cubano, también extendida a la independencia de Puerto Rico, a la devolución de islas Malvinas a Argentina, a la constitución del Estado palestino según lo acordado por la ONU y a todos los que sufren las embestidas de Washington

El mandatario cubano también expuso el exitoso enfrentamiento de su país al coronavirus, con una letalidad inferior a la regional y mundial. Como era de esperar, reivindicó las 46 brigadas médicas cubanas desplegadas en el combate al covid-19 en 39 países y territorios. Cuya labor, por cierto, está convirtiendo en un clamor universal que se les otorgue el premio Nobel de la paz. Esas brigadas demuestran que es posible forjar la solidaridad que la humanidad requiere desesperadamente para sobrevivir, para vivir con dignidad.

Twitter: @aguerraguerra



La planificación en los inicios de la Revolución cubana. Contexto, errores, desafíos. Por Comandante Ernesto “Che” Guevara

23 de Setembro de 2020, 10:48, por La pupila insomne

Primer seminario sobre planificación en Argelia. 16 de julio de 1963

Queridos hermanos de la República Democrática Popular de Argelia:

Debo confesarles que he pensado bastante antes de aceptar el comparecer ante ustedes en ocasión de acontecimiento como el que se está desarrollando aquí. Lo he pensado porque, dado la calidad y cantidad de los técnicos del mundo socialista a presentes y también de otros países del mundo, mi voz nada puede agregar al terreno teórico de las experiencias que se hayan explicado ya y, en el terreno práctico nuestra joven planificación tampoco tiene muchas cosas que contar. Acepté la invitación solo para hacerles una pequeña historia de nuestro desarrollo económico, de nuestros errores y de nuestros éxitos que quizás pudiera servirles en un futuro más o menos inmediato y fundamental, por el placer de departir con los representantes de la joven Revolución Argelina y sentir su presencia siempre vivificante para un revolucionario de otras latitudes. Ante todo, quería decir qué entendemos por planificación. Ustedes lo han escuchado aquí por la boca de muchos técnicos clasificados.

Simplemente para tomar el hilo del tema debo decir dos palabras sobre él. La planificación, entendida en el sentido marxista-leninista de la palabra tiene un contenido económico y político. Es el modo de desarrollarse de la sociedad socialista. Esto nos indica algo muy importante. Para que exista planificación y capacidad de ir progresando en ese camino, tiene que existir voluntad de socialismo y capacidad de desarrollarse en ese sentido. Para que exista planificación, pues, las fuerzas populares deben avanzar sobre los medios de producción, tomarlos y ponerlos a disposición del pueblo.

Ahora bien, la voluntad de hacer es un don del hombre. Es previa al hecho mismo.
Existe en la conciencia antes de realizarse. Es decir, el concepto de la revolución
socialista es previo al concepto del Estado socialista. Quería recalcarles estas palabras
porque en torno a ellas se puede explicar uno de nuestros errores cuando hacíamos las
primeras armas en la planificación. Nos olvidamos de que la revolución socialista y elEstado socialista no es lo mismo, y al hacerlo, también nos olvidamos de que
planificación y socialismo deben ir ligados por una cierta relación. Planificar sin
socialismo, se ha dicho aquí, y se ha dicho correctamente, es imposible. Se puede
planificar durante la construcción del socialismo, pero teniendo siempre en cuenta que
la planificación deberá atemperarse a las condiciones objetivas que imperen en el
momento de realizarse. Nosotros copiamos mecánicamente experiencias de países
hermanos y eso constituyó un error; no es de los más graves, pero un error que frenó
el desarrollo de nuestras fuerzas y contribuyó peligrosamente a uno de los fenómenos
que más debe combatirse durante la revolución socialista: el burocratismo. Vale decir,
nosotros aprendimos en la práctica, con nuestros errores, con las narices golpeando
contra el muro, que planificación y socialismo marchan juntos y que no se puede forzar
la planificación mientras que las condiciones económicas objetivas no lo permitan.

Permítanme que les haga ahora un esbozo muy general de lo que era Cuba en el año 1959, pues no he traído aquí documentos con que ilustrar esta exposición con cifras suficientemente exactas como para poder ser dadas oficialmente. Era una Revlución que llegaba al poder; en un movimiento de pueblo que había destruido el poder político y militar de los títeres del imperialismo yanqui, pero sus dirigentes, era solo un grupo de combatientes de altos ideales y poca preparación. La superestructura del estado capitalista neocolonial estaba intacta. Había que trabajar para destruirla y construir  sobre nuevos cimientos. Los órganos financieros del Gobierno estaban en manos de futuros traidores que ya desarrollaban su política frenadora del proceso revolucionario:
aplicando sus conocimientos de la técnica burguesa de las finanzas, iban poniendo
trabas constantes a nuestro desarrollo. Los viejos ministerios eran cuevas de
burócratas y de parásitos, sin vida interna, sin armonía interna dentro del Gobierno,
sin identidad entre sus dirigentes principales y la línea fundamental de la Revolución.

Estos órganos del poder de la burguesía vegetaban dentro del nuevo estado y eran como arrecifes dentro del mar, independientes de él, aislados de la marea humana que avanzaba. Había que cambiar las estructuras e iniciamos los cambios, sin un plan, sin proponérnoslo casi. El grupo de revolucionarios, con Fidel Castro, a la cabeza, planteó
como cosa primordial la Ley de Reforma Agraria. Y esa Ley indispensable, de la que habla hoy hasta Mr. Kennedy en su extraña lengua de la «Alianza para el Progreso», desató un terrible juego: El de la lucha de clases, y profundizó la Revolución cubana al máximo. Los grandes propietarios, muchos de ellos norteamericanos, sabotearon inmediatamente la Ley de Reforma Agraria; estábamos frente al dilema que ustedes tendrán muchas veces en el curso de su vida revolucionaria: Una situación en la que avanzar es peligroso; detenerse, más peligroso aún; y retroceder, la muerte de la Revolución. ¿Qué hacer frente a esta disyuntiva? De todos los caminos, el más justo y el menos peligroso era avanzar. Pero ya que avanzábamos lo hicimos con profundidad, violentamente; y lo que pudo haberse imaginado como una Reforma Agraria de contenido burgués, que diera la propiedad de la tierra a los campesinos pobres y medios, se convirtió en el escenario de una violenta lucha donde fueron expropiados, sin compensación alguna, todos los grandes latifundistas de Cuba. Ellos se aliaron al enemigo extranjero y tomaron contramedidas, golpearon nuestros flancos. A veces sentimos el golpe. No quedaba sino contestar con nuevos golpes. Como en el match de boxeo, en un cuerpo a cuerpo, muchos golpes se cruzaron; al final, cuando el panorama se aclaró, los principales medios de producción estaban en poder del pueblo.

El cuarenta por ciento directamente en poder del pueblo; los pequeños campesinos, en
algunas regiones, unidas en cooperativas primarias. Más del noventa por ciento de la
industria nacionalizada; todo el comercio exterior monopolizado por el Estado; nacionalizados los grandes distribuidores internos; se había hecho, además, la Reforma Urbana, dando la propiedad de sus casas a los que vivían en ella, y prohibiéndose la especulación con la vivienda; se realizaban avances muy considerables en salud y educación pública.

Pero la lucha seguía, el bloqueo imperialista estaba en su apogeo, nos veíamos obligados a luchar día tras día para dar de comer a nuestro pueblo, mantener nuestra industria trabajando, desarrollar nuestros cultivos, desarrollar nuestro comercio, defendernos del sabotaje de los grupos de bandidos, de la agresión extranjera directa, de sus arteros ataques aéreos, de sus violaciones cotidianas de nuestra soberanía y, además, pulverizar la reacción interna; desenmascarar a los traidores y expulsarlos del Gobierno, de donde salían al exilio a veces, a veces a la cárcel, a veces a la muerte.¿Cómo era la estructura económica de Cuba, en estos primeros años? Un país de monoproducto: el azúcar; de monocultivo: la caña de azúcar; de monomercado: los Estados Unidos de América, que controlaban el 75 por ciento de nuestras importaciones y exportaciones. Controlado todo el país por el capital extranjero, sobre todo norteamericano, que en el caso de instalar industrias, las hacían de tal tipo que, forzosamente debían utilizar solo la tecnología norteamericana, con materias primas norteamericanas y piezas de repuesto de ese país. Se aprovechaba del nuestro, la fuerza de trabajo barata y después exportaban sus ganancias de acuerdo con las leyes vigentes, hacia los territorios norteños. El nuestro era un país donde la mayoría de los cuadros técnicos estaban educados en los Estados Unidos con su técnica, domesticados, en una buena mayoría, por ello; lógico era que hacia allá fueran. Un
país sin industrias; sin desarrollo agrícola; con un desempleo agobiante sobre sus espaldas; con sus reservas de monedas convertibles otrora gigantescas para la potencia del país, exhaustas; con falta total de información sobre su verdadero pasado económico, es decir, sin estadísticas o con estas falseadas; careciendo además de un plan bien editado de acción. ¿Y qué íbamos a meditar si estábamos en el medio del cuerpo a cuerpo de que les he hablado, cambiando golpes desesperadamente con el enemigo, preocupados por no ceder un palmo en el terreno de nuestras atribuciones soberanas y debiendo defendernos a cada segundo de una nueva amenaza del adversario? Los años fueron pasando. El 15 de abril de 1961, aviones militaresnorteamericanos, con las insignias cubanas pintadas en las alas, bombardearon  alevosamente nuestros aeropuertos con intención de liquidar nuestra pequeña fuerza aérea de combate y simulando cínicamente ante todo el mundo que eran emigrados cubanos los autores de la alevosía. AI día siguiente en ocasión del entierro de las victimas, nuestro Primer Ministro y Secretario General del Partido Unido de la Revolución cubana, proclamó ante el mundo el carácter socialista de la Revolución cubana. Después llegó Playa Girón y la victoria, los bloqueos cada vez más estrictos, la profundización de las contradicciones con el imperialismo; la crisis de octubre del
pasado año, nuestra lección de dignidad a todo los pueblos del mundo. Y mientras todo
esto ocurría, había que desarrollar una economía en un país donde cada pedazo de
hierro venia del extranjero, donde la tecnología provenía de un país extranjero que
estaba en guerra con nosotros, donde se había desarrollado incluso maravillas de la
técnica moderna para el aprovechamiento de los recursos de Cuba, pero no el aprovechamiento en beneficio de nuestro pueblo, sino de los capitales norteamericanos
y debíamos mantener funcionando esas fábricas y también la agricultura y los transportes. Sin abonos, sin insecticidas, sin materias primas, sin piezas de repuesto, sin técnicos, sin organización; con sabotajes, con bandidos operando en nuestro territorio apoyados en los Estados Unidos, con agresiones, con la amenaza constante de la invasión, con movilizaciones generales dos o tres veces al año que paralizaban la vida del país; así fuimos avanzando. Todo esto lo explico para que al puntualizar nuestros errores fundamentales, también se tenga en cuenta la situación que pasamos.Estos errores fueron de varios tipos. Fundamentalmente en el orden de la planificación hicimos dos cosas contrapuestas imposibles de armonizar. Por un lado copiamos detalladamente las técnica de planificación de un país hermano cuyos especialistas vinieron a ayudarnos, y por otro lado mantuvimos la espontaneidad y la falta de análisis de muchas decisiones, sobre todo de tipo político pero con implicaciones económicas, que hay que tomar cada día en el proceso de gobierno.

No nos basamos en la estadística ni en la experiencia histórica, tratamos subjetivamente a la naturaleza como si hablando con ella se le pudiera convencer y desdeñamos experiencias de otros países del mundo. Cuando se decía «no hay país del mundo que pueda desarrollar un 20 por ciento anual de agricultura», contestábamos que nosotros lo haríamos. Pero no lo hicimos. Cuando se planteó el problema de la cifra de crecimiento anual de nuestro país, no nos pusimos primero a averiguar que teníamos, que debíamos gastar y que podría quedarnos libre para el desarrollo. Dijimos, calculemos un 15 anual de crecimiento, para ver que tenemos que hacer, y formular cálculos globales de crecimiento es fácil. Incluso parece fácil la tarea cuando se plantea lo que hay que producir para crear un quince por ciento. Pero en un país de monocultivo, con todos los problemas que les he relatado, plantearse el crecer un 15 por ciento era sencillamente ridículo. No tenemos la planificación como el resultado de las relaciones económicas y políticas en el campo de la producción. Quisimos hacer escuelas, y las hicimos, hospitales, y los hicimos. Hicimos caminos y centros turísticos, locales para obreros, los salarios aumentaron, y al mismo tiempo hablábamos de desarrollo de los medios de producción. Naturalmente, no cumplimos nuestros planes, era imposible matemáticamente. Voy a ponerles breves ejemplos prácticos para que entiendan lo que pasó en Cuba. Nosotros teníamos, por ejemplo, necesitamos 22 millones de pares de zapatos. ¿Qué se necesita para eso? más de un millón de cueros, tantos obreros, tanta capacidad instalada en nuestras costumbres, tanta importación de materia prima. Todo se puede conseguir. Tenemos plan: 22 millones de pares de zapatos. Nosotros sabíamos que no podíamos cumplirlo. Nunca la industria cubana había hecho más de 10 millones de pares. Es verdad que había capacidad instalada.

Quizás hubiera ganado vacuno para ello, pero precisaba toda una organización previa, que no se había logrado. Solamente nos planteamos el número final y las tareas principales superficialmente. No hubo ganado vacuno. No hubo capacidad de aprovechamiento de los cueros. En definitiva, el primer plan fue una manifestación de subjetivismo absoluto, que se basaba esencialmente en la suma aritmética de posibilidades reales, consideradas una a una, pero imposibles de lograr en su conjunto. Esto era en el campo de las decisiones tomadas desde arriba. ¿Qué pasaba con las decisiones de abajo?, ejemplo, un cálculo de madera, ¿cuán madera hay?, el jefe de los departamentos de bosques decía: tanta, un número «x», no lo recuerdo ahora; sabíamos que eso era imposible, pero ellos lo decían, lo afirmaban categóricamente.Así fue como Cuba, tradicional importadora de madera figuraba en primer plano como exportadora de ese producto, pero había que acatar opiniones de técnicos de la base.

Resultado; seguimos importando madera, pero la importamos tarde, mal buscando desesperadamente dónde hacerlo. Nuestro comercio exterior había cambiado totalmente de ubicación geográfica. De un 75 por ciento con los Estados Unidos, pasaba a ser un 75 o un 80 con los países socialistas. El cambio era beneficioso para nosotros en los aspectos políticos y sociales, pero en el sentido económico, necesitaba de una organización grande. Anteriormente, centenares de importadores especializados pedían por teléfono sus productos a los Estados Unidos, y al día siguiente venían en un Ferry que unía directamente Miami con La Habana, no había almacenes ni previsión de ninguna clase.

Todo ese aparato, sin los técnicos, enemigos del gobierno, debió fundirse en lo primero que fue el Banco para el Comercio Exterior. La tarea de centralizar con gentes inexpertas todas esas compras, en hacerlas ahora, no en un día por teléfono, sino en países de los que nos separaban hasta dos 5 meses de viaje, sujetos a planificación de sus economías, dentro del marco de planes a largo plazo, con tecnología, equipos y materias primas diferentes. Más aun, si ustedes van hoy a algunas de las fábricas de este país, hechas por el capital extranjero, y quieren saber qué tipo de acero se usa en un repuesto cualquiera, se encontrarán con que ese repuesto tiene un numero de catálogo, que para pedirlo solamente se cita ese número que, en el catálogo de compra comercial, corresponde a un determinado elemento. ¿Cómo pedir eso a los países socialistas? había que hacer análisis del acero. A veces, maquinar especialmente una o dos piezas, cosa casi imposible, pero que esos países hermanos lo hicieron muchas veces en demostración de solidaridad. Había que importar máquinas herramientas para hacer nuestros propios repuestos, careciendo de técnicas de alta calificación y sin conocer los materiales como he explicado. Esos eran los problemas diarios, y los son todavía en Cuba. Al planificar hemos cometido errores en el concepto del desarrollo de la industria y la agricultura, y en el balance de nuestra economía. En la industria hicimos un plan de desarrollo basado fundamentalmente en la idea de ser autosuficientes en una serie de artículos de consumo duradero o artículos industriales intermedios que, sin embargo, podía obtenerse con relativa facilidad en los países amigos. En ello comprometimos nuestra capacidad de inversión sin desarrollar a fondo nuestros propios recursos de materias primas, incluso de algunos productos intermedios que ahora fabricamos. Esta política ha sido revisada ya por el Gobierno revolucionario, y nuestra dedicación fundamental es el desarrollo de fuentes de recursos propios, no solo con vistas a nuestro mercado sino a los mercados mundiales, con una tecnología que permita presentar productos de calidad y precios adecuados al actual desarrollo de la humanidad. En la agricultura cometimos el error fundamental de desdeñar la importancia de la caña de azúcar, nuestro producto fundamental, tratando de hacer una diversificación acelerada, lo que trajo como consecuencia el descuido de las cepas, sumándole a esto una sequía extraordinariamente intensa que nos azotó durante dos años, provocando una caída grave en nuestra producción cañera. En la distribución del ingreso, dimos demasiado énfasis en los primeros momentos a la satisfacción de las necesidades sociales, al pago de salarios más equitativos y al aumento del empleo, sin considerar suficientemente el estado de nuestra economía. La falta de una base de normas de trabajo en la industria y en la agricultura hizo cambiar violentamente tendencias generales de los trabajadores, y se da el fenómeno de que, en un país donde todavía hay desocupados, en la agricultura falten manos y tengamos que hacer levas de trabajadores voluntarios para que nos ayuden a recoger las cosechas de caña y en el momento actual, a cultivarlas adecuadamente para aumentar su rendimiento. Dado este panorama general, sin que fuera posible una adecuada política de reservas y en medio de cambios tan violentos, nuestra planificación, perfeccionista en los detalles, dogmática en las exigencias, fue un freno. Si hoy volviéramos a plantearnos el problema ¿cómo lo haríamos?

Ante todo: trataríamos de saber lo más posible sobre la situación actual, y sin dejar de trabajar por la carencia de datos, daríamos al conocimiento estadístico y contable, carácter de una verdadera necesidad nacional, imponiendo un modo de trabajo y de pensamiento que se basara fundamentalmente en los hechos y su análisis. Haríamos un examen lo más realista posible de nuestra economía y de nuestras mayores necesidades, armonizándolos con las posibilidades en el campo económico, donde consideraríamos los créditos a largo plazo obtenidos en el campo socialista, tomaríamos en concordancia con el análisis, la decisión sobre el volumen de los medios puestos a disposición de desarrollo y de los destinados a la satisfacción de lasnecesidades sociales de nuestro pueblo, y haríamos un plan perspectivo, general y flexible, considerando abundante reservas para imprevistos. A partir de allí y dentro de ese marco, haríamos planes anuales. Las inversiones serían lo más centralizadas que fuera posible, sin caer en las minucias burocráticas, y la socialización de los medios de producción se haría fundamentalmente, de acuerdo con las posibilidades de los cuadros y de la organización general del aparato estatal pero avanzando sin desmayos en este camino. Todo esto debe realizarse en el cuadro de una violenta lucha de clases en que intervienen los explotadores internos y sus dirigentes imperialistas, y la lucha de clases tiene una lógica que no siempre encuadra en los ámbitos de la construcción pacífica de nuestro país. En el momento en que el imperialismo o sus aliados internos actúan para cambiar la situación existente se deben tomar medidas de tal tipo que llevan a  contradicciones cada vez más violentas y desencadenan hechos cuya previsión no está en el marco de las tareas revolucionarias. Vale decir, no todos los hechos falsos cometidos alrededor de la planificación se deben a nuestras elecciones, también se deben a la acción del imperialismo que obligó a acelerar el proceso más allá de la posibilidad óptima de nuestros cuadros. A pesar de nuestros errores, podemos apuntar éxitos de consideración y modificaciones acertadas de las faltas cometidas. Los dos puntos donde el Gobierno Revolucionario se ha visto coronado más rápida y efectivamente por el éxito, han sido la educación y la salud pública. En la educación hemos liquidado el analfabetismo, establecido enseñanza obligatoria y gratuita incluido libros y materiales de estudio hasta el tercer año de la Escuela Secundaria Básica; en estos momentos tenemos cerca de cien mil becados por el Gobierno Revolucionario, incluido todos los estudiantes de Medicina que deberán trabajar para el Estado en lo sucesivo, y muchos estudiantes de otras carreras técnicas. En el campo de la salud pública hemos construido una gran cantidad de hospitales rurales, realizando campañas nacionales de vacunación como contra la poliomielitis, estableciendo la obligación para los estudiantes de Medicina de ir, una vez recibidos, al campo y también desarrollo de escuelas auxiliares de Medicina, enfermeros, instrumentistas, radiólogos, etc., para dotar nuestros hospitales. A pesar de que el número de profesionales de la Medicina ha disminuido en Cuba después de la Revolución, una mejor distribución de ellos y el uso de todo el aparato público puesto al servicio de la población, ha permitido dar una atención enormemente superior a las épocas prerrevolucionarias y que alcanza a la totalidad de la misma. En el campo de la seguridad social, se han establecido nuevas leyes que garantizan la seguridad de todo obrero, cualquiera que sea la circunstancia del accidente o enfermedad que lo aflija. Hemos corregido nuestra política cañera dándole el énfasis que se merece, hemos creado una base de normas de trabajo y salarios en el sector industrial y nos aprestamos a hacerlo en la agricultura. Hemos iniciado con la ayuda de la URSS la lucha contra la sequía, estableciendo un ambicioso plan de regadíos y reservorios de agua, y sobre todo hemos logrado inculcar en la conciencia del trabajador que es el trabajo productivo el impulsor de la sociedad y debe ser colocado en primer lugar entre todas las actividades de cualquier tipo que se desarrollen en ella, salvo el de la defensa en momentos de peligro. AI mismo tiempo, en nuestra economía se están realizando experiencias diferentes regidas por la idea de buscar la mejor solución a los problemas dentro de los principios del marxismo-leninismo.

En varios pueblos del interior se están realizando planes pilotos de administración por parte de las autoridades locales, comprometiendo en general todos los servicios a la población y en algunos casos, ciertas industrias de carácter local. Se están realizando por el Comité de Planificación Física, dependiente del Ministerio de la Construcción, en coordinación con la Junta Central de Planificación, el estudio para reestructurar toda la distribución político-administrativa del país, adecuándola a las necesidades de la economía, de manera de formar un todo armónico, y se están iniciando estudios paradarle a la planificación el carácter de disciplina exacta, empleando los métodos matemáticos de vanguardia en el campo económico, como la programación lineal, matrices de consumo de productos, etc.(Sería insumo producto) En el aspecto de la forma de administración hay dos sistemas cuyos defensores discuten constantemente entre ellos y ambos están implantados en diferentes ramas de la economía, y son: el que llamamos la autogestión financiera similar al que se llama en la URSS cálculo económico, en el cual la empresa gubernamental tiene la gestión de sus propios medios financieros y está controlada financieramente por el Banco Central, y aquel otro que llamamos cálculo presupuestario, en el cual la empresa no tiene capital alguno y solamente es una especialista en la gestión que le ha sido encomendada, debiendo entregar el producto de todas sus realizaciones al Ministerio de Hacienda, que a su vez le entrega, a través del Banco Nacional las cantidades de dinero necesarias para su gestión económica. La comparación constante de estas dos
tendencias, enriquece la capacidad de nuestros cuadros para poder distinguir el mejor camino y contribuye a una continua confrontación de ideas que favorece el desarrollo de un sistema de planificación menos rígido: más técnico y concebido en continua transformación. El panorama actual de la economía cubana es el siguiente: más de las tres cuartas partes de nuestro comercio exterior se realiza con el campo socialista, aproximadamente las tres cuartas partes de las divisas logradas en el exterior lo son por sus productos: la caña de azúcar. Es decir, la estructura del monoproducto de nuestra economía todavía no ha sido superada después de cuatro años de Revolución, pero ya están dadas las premisas de lo que podría constituir con el tiempo una economía sólidamente asentada sobre bases de materias primas cubanas, con una diversificación de producción y un grado técnico que le permita competir en los mercados del mundo. Nuestra agricultura después de un cambio en su orientación ha tornado el buen rumbo y se está realizando una diversificación apropiada, sin tocar, y al mismo tiempo desarrollando nuevamente los campos de caña. La tendencia de nacionalizar todos los medios de producción continúa, pero se hace en estos momentos en que se ha triunfado totalmente sobre las fuerzas reaccionarias en el interior del país, Con el ritmo que la Revolución considere más justo; a todos los pequeños propietarios de empresas nacionalizadas se les paga una indemnización por esta recuperación estatal de los bienes del pueblo. A veces, en el proceso de algunos momentos transitorios de la lucha de clases deben tomarse medidas extremas, como ha sido la nacionalización de todos los comercios en determinadas regiones del país donde ha habido brotes de bandidismo, o la nacionalización de todos los comercios en una determinada rama, como la ferretería y anexos, que fue recuperada íntegra, debido a la especulación que se estaba realizando con esos productos.

Podríamos plantearnos, para terminar, cuáles son las tareas perspectivas de la planificación en Cuba. Nosotros consideramos que la tarea fundamental es la de asegurar una base estadística lo suficientemente perfecta para que nos permita localizar inmediatamente las debilidades del aparato económico y acostumbrar a todos nuestros cuadros para que se actúe en consonancia; estamos en ese camino, aunque todavía falta bastante. Luego, ya conocidos los errores, analizarlos detenidamente y extraer experiencias que nos sirvan para el futuro, modificando nuestro aparato para que cumpla su verdadera función de dirección de la economía y de su impulso al mismo tiempo. Realizar un plan perspectivo acorde con nuestras posibilidades, realista, modesto, que balancee correctamente las necesidades cotidianas del pueblo con sus futuras, es decir, que resuelva, en parte al menos, uno de los más graves problemas que se plantea a una revolución: cuánto se gastará hoy y cuánto debe dejar de gastarse para asegurar el mañana, de manera que el gasto de hoy sea el máximo permisible, para no comprometer el futuro. Al mismo tiempo, encontrar la solución más económica, que permita aprovechar al máximo los recursos propios, extraer el máximo de cada peso invertido, extraer al máximo las reservas ocultas en el seno del pueblo y ponerlas al servicio de la sociedad, tarea que solo puede hacerse en el socialismo. Tenemos la ambición de hacer de la planificación un instrumento de dirección de la economía casi automático, lo más cercano al rigor matemático que sea posible y liberar la mayor cantidad de cuadros para los trabajos de investigación que son la base del futuro. La planificación debe convertirse con el tiempo en el centro político de toda acción. El futuro está en las grandes innovaciones técnicas que constantemente van cambiando el aspecto del mundo. El futuro está en el desarrollo de la química y el desarrollo de la electrónica, de manera de asegurar las grandes producciones en masa que alcancen a todo el pueblo, y la planificación será una disciplina encargada de distribuir los bienes producidos y distribuir adecuadamente entre las dos secciones de la producción, para garantizar un desarrollo continuo y una distribución máxima de productos de todo tipo para el pueblo. Este ya estará liberado de muchas de las pesadas tareas que hoy nos agobian y podrá dedicar su tiempo al estudio, a la superación cultural, a todo lo que hace la vida digna de vivirse y, quizás, también a las nuevas aventuras en el espacio. A esa juventud que hoy nace, quizás para nuestros hijos que vivirán en el comunismo, buscamos insistentemente el mejor camino, nos equivocamos y lo perdernos, lo reencontramos, nos volvemos a equivocar, y así, en medio de luchas continuas y de errores que la experiencia hace cada vez menos repetidos y menos graves, vamos construyendo el socialismo en nuestra tierra y poniendo nuestro pequeño grano de arena al servicio de la gran aspiración de la humanidad: la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, cuyo exponente más acendrado es el imperialismo; el advenimiento definitivo del comunismo; la sociedad sin clases; la sociedad perfecta.

Esta es una síntesis apretada y desordenada de nuestras experiencias; si de algo sirven, para algo ha servido la atención de ustedes; si no aclara nada, si no agregan nada nuevo y quedan incógnitas que pueda aclarar en algunos minutos, estoy a la disposición de ustedes, pero antes permítanme acabar esta declaración con el grito que asalta las gargantas de los revolucionarios del mundo: ¡Viva la República Popular Democrática de Argelia! ¡Viva el Ejército Nacional Popular y su Gobierno Revolucionario! iVenceremos!

Fuente. Centro de Estudios Che Guevara.



#LaPupilaCumple10: El alma en la tierra de Francois Houtart. Por Fernando Martínez Heredia

22 de Setembro de 2020, 11:01, por La pupila insomne

El 6 de junio de 2017 murió Francois Houtart, gran intelectual y compañero querido de los cubanos y de los luchadores anticapitalistas y antimperialistas en todo el mundo. Su cercano amigo Fernando Martínez Heredia nos hacía  llegar, con su humildad y modestia características, este texto como tributo al hermano de lucha e ideas. Lejos estábamos de imaginar entonces que menos de una semana después Fernando dejaría de acompañarnos y que esta sería su última contribución a La pupila insomne.  Sirva este texto como un homenaje a ambos compañeros que entregaron su vida al combate ideológico del capitalismo y el imperialismo, justo cuando éste muestra su rostro más agresivo y el ejemplo de ambos nos es más necesario e inspirador que nunca para, como me escribiera Fernando sobre Houtart, emular con ellos.

Querido Iroel:

Antier murió Francois Houtart, uno de mis amigos queridos, al mismo tiempo que un destacado compañero en la lucha internacionalista. No siento fuerzas suficientes para escribir algo ahora sobre él, ni me gusta hacer algo del corazón porque una circunstancia fuerza a hacerlo. Pero ayer se me ocurrió releer este texto de 2011 y me pareció muy procedente para rendirle homenaje de la mejor manera, que es motivando a quienes probablemente no sepan nada de Houtart a emular con él.

Por eso te lo envío, por si te parece bueno publicarlo.

Un abrazo grande,

Fernando

El alma en la tierra. Memorias de Francois Houtart. Por Fernando Martínez Heredia

Cuando mi hermano Carlos Tablada me explicó que iba a plantearle a François Houtart la empresa de trabajo conjunto que ha tenido por resultado este libro, creí que no tendría éxito, a pesar de que desde hace casi medio siglo aprendí cuan empecinado puede ser Tablada. No me imaginé a Houtart dejándose entrevistar durante largo tiempo para contar su vida, porque, como todo el que lo conoce advierte enseguida, François posee una sencillez y modestia verdaderas, rasgo admirable en quien ha descollado tanto por sus labores intelectuales.

Cuando asumamos de verdad el desarrollo y la socialización de las ciencias sociales y el pensamiento social, esa tarea tan urgente que no debe seguir siendo pospuesta, la obra de Houtart será uno de los aportes señeros que más podrá ayudarnos, en cuanto al acierto en la elección de los temas de investigación, la sabia utilización de los más diversos instrumentos para indagar, una transdisciplinariedad verdadera, una epistemología marxista eficaz y ajena a los dogmas, resultados concretos de enorme valor para el conocimiento, férrea unión de ciencia y conciencia, servicio a las causas populares y un compromiso consecuente de militancia y de crítica al mismo tiempo.

Ante las memorias de su vida que François Houtart le ha contado a Carlos Tablada no pude evitar recordar algo que hace unos quince años me dijo Frei Betto, que es tan coloquialmente sabio. El imperialismo norteamericano vivía su victoria y parecía omnímodo, la ideología neoliberal pretendía con bastante éxito hacer creer que lo existente era tan inevitable como el clima y el socialismo se había sumido en un profundo desprestigio. Pero muchos seguían luchando. Betto y yo estábamos entre los que bregaban por evitar las rendiciones, mantener el anticapitalismo y recrear la promesa de un futuro de liberaciones. Él me dijo entonces: “la gente no puede leer ahora ensayos y teorías, en esta situación tan mala tenemos que escribir testimonios para llegar a ellos, y acercarles las ideas de maneras atractivas”. Hoy las cosas son en buena medida diferentes en América Latina, pero la batalla cultural se sigue dando en términos muy duros para el campo popular. Las memorias de Houtart son un formidable refuerzo a este campo nuestro, un libro que permite aunar el disfrute con la formación. Ese es un primer logro evidente de la obra.

Carlos Tablada nos brindará sin duda claves fundamentales de este libro, aunque nadie podría exponer ni siquiera someramente su contenido tan rico, pletórico de datos, situaciones, referencias, anécdotas, muy agudas valoraciones y profusas sugerencias. Por mi parte, me acercaré a la narración y al narrador de manera muy selectiva y subjetiva, y trataré de ilustrar con algunos datos, comentarios y opiniones este fruto feliz, apelando a la amistad entrañable que desde hace treinta años me une al ser humano François Houtart y a la admiración que siento por el incansable luchador por la justicia que ha iluminado su fe religiosa y dedicado su vida a la causa de los pobres, y, al mismo tiempo, por el gran investigador social y pensador.

Lo conocí en 1982, en Nicaragua. Yo sostenía fuertes relaciones y amistad con los sacerdotes que participaban o apoyaban el proceso, con Ernesto Cardenal, Uriel Molina, Alvaro Argüello, Xavier Gorostiaga, Amando López y el colectivo jesuita, con monjas y curas de diferentes lugares del país, y también con Sixto Ulloa y otros pastores y fieles evangélicos. René Núñez y Liana, dirigentes del FSLN, me dieron opiniones muy favorables sobre aquel sacerdote belga recién llegado. Pronto entablamos amistad. Hablábamos mucho de lo que estaba pasando, como es natural, y del nuevo capítulo que se abría con la Revolución sandinista para la vinculación entre la fe, las prácticas y las ideas religiosas con los procesos revolucionarios y los cambios sociales y humanos en el continente. También conversábamos bastante sobre teología de la liberación y sobre cuestiones de teoría.

Por cierto, Houtart no me hacía las duras críticas al dogmatismo marxista que expresaba Julio Girardi, otro religioso europeo que también vino a Nicaragua a colaborar fraternalmente con la revolución –y con el cual entablé una entrañable amistad para toda la vida–; pero me di cuenta de que el belga manejaba un marxismo con el cual yo estaba totalmente de acuerdo. Era un momento en que las prácticas cubanas y la entrega ejemplar de los internacionalistas daban testimonio de la superioridad de la actitud socialista ante la vida, pero el pensamiento procedente de la isla no estaba a esa altura.

François relata en este libro aspectos de sus actividades intelectuales en Nicaragua en aquellos años, junto a la inolvidable Genevieve Lemercinier. Quisiera resaltar las cualidades de sus métodos y la buena elección de sus temas de investigación, y lo revolucionario, en el plano intelectual, de esas tareas que realizaban. No venían con recetas de primera instrucción para pueblos exóticos o “jóvenes”; por el contrario, buscaban los rasgos ocultos y los nexos profundos de la gente y las comunidades, para que los resultados fueran realmente útiles e incluso iluminadores de la práctica. Para ahorrar tiempo aquí, les ruego leer con atención las páginas 221-228. Recuerdo que, ante mi gran interés, Houtart me entregó una explicación escrita de un método de investigación cultural transdisciplinar con esos fines, que envié enseguida a Cuba con la esperanza –que no fue satisfecha– de que fuera evaluado y discutido acá.

De la sintonía de esos trabajos de ciencia social con el extraordinario crecimiento de la conciencia social que venían experimentando los pueblos latinoamericanos da cuenta algo que me sucedió pocos años después. Alguien me acercó un folleto boliviano, de edición muy humilde, al que habían puesto un largo título que sustituía al de Autoanálisis de sociedades locales, con el que Houtart había publicado aquel texto en Oruro: Autoanálisis de una comunidad, por el sacerdote Francisco Utar.

Quería que Houtart conociera Cuba y a él le pareció muy bien mi iniciativa, pero me aclaró que el nuestro había sido su primer país latinoamericano, que lo visitó en 1953, en labores de constitución de la Juventud Obrera Católica. Años después, me contó que había vuelto durante los primeros años sesenta. Pero lo fundamental fue ir conociendo su extraordinaria vinculación con los pueblos del llamado Tercer Mundo y con sus intentos de cambios favorables a las mayorías, sus luchas de liberación y sus personalidades. Un día me habló de su relación con Amílcar Cabral, el gran líder de un pequeño país, el combatiente y pensador marxista que para los cubanos es un símbolo de revolucionario africano y un referente de nuestro internacionalismo. En 1983, cuenta Houtart en este libro, después de presentar con Genevieve la ponencia “Amílcar Cabral y la cultura”, fue hasta su tumba: “Recé con emoción por este compañero que había consagrado su vida, sin buscar nunca la gloria, a la causa de la liberación de los pueblos, la paz y la reconciliación, uno de estos ‘terroristas’ que solo Dios podía recompensar.”

François es un extraordinario conocedor de las luchas y las vicisitudes de numerosos pueblos africanos, pero no como un visitante europeo, ni solamente como un analista: ha sido, ante todo, decididamente solidario. Esto le llevó a conocer a un gran número de personalidades políticas durante el período que siguió a la llamada descolonización, y a ubicarse ante realidades extremadamente complejas. Recomiendo una lectura muy atenta de las páginas 179-190. Ellas nos asoman a un conjunto de políticos prominentes y a las acciones de las grandes potencias, y nos ofrecen un conjunto de datos y opiniones que sin dudas motivará mucho a nuestros lectores, hijos de un país que se involucró a fondo en aquellos procesos, en los que de una u otra forma participaron varios cientos de miles de cubanos.

Houtart conoció en Bogotá, en 1954, a Camilo Torres Restrepo, el sacerdote colombiano que avanzó de la doctrina social de la Iglesia a la política popular, se lanzó a organizar a los oprimidos, se convirtió en guerrillero y dio la vida por sus hermanos. François lo invitó a estudiar Sociología en Lovaina, donde anudaron una gran amistad durante cuatro años, relación que mantuvieron hasta que Camilo partió a la guerrilla y a la muerte. Houtart ha hecho honor a su recuerdo y su ejemplo en todo momento, y ha expuesto muchas veces el sentido y el valor de su actuación. Hace tres días se cumplieron 45 años de la caída de Camilo. Aprovecho la ocasión para invitar a François y a todos a la conmemoración que se celebrará el lunes 21, a las 5 de la tarde, en la Catedral Episcopal, en la calle 13 de El Vedado.

Si el pueblo de Viet Nam pudo contar con su colaboración decidida y sistemática, las rebeldías latinoamericanas también han encontrado en Houtart una solidaridad que no cesa ni se condiciona. Cuando la represión y el genocidio fueron sucedidos por regímenes entreguistas que multiplicaron el empobrecimiento en nombre de una supuesta democracia y un neoliberalismo despiadado, François no tomó distancia ni buscó un refugio: acompañó a través de ese desierto a los que denunciaban, protestaban y pensaban. Por eso ha sido un miembro de la familia de los movimientos sociales combativos y de los Foros Sociales Mundiales; en 1997, Houtart fue uno de los fundadores del Foro Mundial de Alternativas, contrapuesto a Davos, junto a Samir Amin y Pablo González Casanova, entre otros.

Houtart ha sido activo en la solidaridad con Cuba desde hace medio siglo. En el libro ofrece solo algunos datos acerca de esas actividades suyas. Tocaré apenas un ángulo entre los que me ha tocado conocer, relativo a su influencia positiva en nuestra formación. Sobre todo a partir de 1979, las realidades latinoamericanas y el internacionalismo motivaron a cubanos marxistas no creyentes religiosos a abordar seriamente la Teología de la Liberación, los movimientos sociales cristianos y los instrumentos intelectuales que podían ayudarnos en esas tareas. Houtart colaboró sistemáticamente con nosotros.

En lo personal, me sirvieron mucho las conversaciones con él, las diferencias y los aspectos comunes de su posición respecto a los de los teólogos y sociólogos de la religión con los que yo compartía, o estudiaba. Llegó un momento en que otro compañero y yo organizamos un curso básico de Sociología de la Religión no público impartido por Houtart, que pasaron unos treinta alumnos cubanos seleccionados. El profesor le dedicó a ese curso todo su saber y su metódico entusiasmo, y el resultado fue óptimo para el desarrollo de los participantes. Para multiplicar los efectos decidimos hacer un libro con aquellas lecciones, y François se aplicó férreamente a redactarlo, en un español escrito que a veces era infernal. Al fin estuvo listo, y logramos publicar el libro Sociología de la religión, primero en Nicaragua, en 1992, pero con circulación en Cuba. Después ha tenido varias ediciones.

Entre tantas cualidades de Houtart hay una que todavía suele deslumbrarme. Uno puede pedirle que profundice acerca de muy variados temas, situaciones, países, conflictos, estrategias del mundo de hoy, y él desarrolla cada asunto con una visión sintética combinada con detalles e ilustraciones, en su complejidad, esencias y tendencias probables, y todo con sencilla claridad.

Su vocación de sociólogo animó un día al joven sacerdote a preguntarse: ¿cómo es posible que la clase obrera pueda ver como adversario al cristianismo, que es un mensaje de emancipación humana? Así inició un largo camino de investigaciones al servicio de sus ideales. A lo largo de dos tercios de siglo, unas y otros se han desplegado, desarrollado y madurado. Desde el inicio hubo oprimidos y explotados de los pueblos colonizados que llamaron a aquel sacerdote que quería trabajar por la justicia para todos y sabía identificar a las clases sociales y sus conflictos. Hoy este adulto mayor poseedor de una vitalidad que asombra está cargado de experiencias y de conocimientos, y es para todos el compañero prestigioso cuya palabra es esperada y oída, el analista y el internacionalista en una sola pieza. Y uno está convencido de que le falta mucha obra por hacer.

En poco más de una página, al inicio del libro, François explica por qué ha dado este paso de dejarse entrevistar, y en un manojo apretado de oraciones sitúa y acota lo que puede esperarse de su narración, de su experiencia vital y de sus condicionamientos, y la suerte que ha sido para él, dice, encontrarse en la convergencia de varias redes de relaciones sociales. Le alcanza el breve espacio, eso sí, para reafirmar diáfanamente sus principios. Y se encomienda al lector, con la esperanza de contribuir, de dar.

Quede tranquilo François Houtart. Al que comience a leer este libro le será imposible dejarlo sin terminar.